Lo que dicen los sojeros estadounidenses es que con la ayuda de Washington, la Argentina se dio vuelta y le vendió varios millones de toneladas de soja a China, que había castigado a los norteamericanos como respuesta a la suba de aranceles de importación para todos los productos chinos. Y que la eliminación de las retenciones había dejado a la soja argentina en mucho mejor posición competitiva que la norteamericana.
Esto y pedir que nunca mas se reduzcan los derechos de exportación es una misma cosa. Pero veamos un poquito.
En primer lugar, es inadmisible, en la diplomacia comercial, que alguien exija a otro país que castigue con impuestos a su sector más competitivo, en beneficio precisamente de su competidor. El telón de fondo es que nadie puede competir con la soja y otros productos agrícolas argentinos en igualdad de condiciones. Esto debe ser defendido a rajacincha por el gobierno argentino. Pero hay más.
Estados Unidos viene castigando fuerte a los productos agrícolas argentinos. Lo hizo hace unos años con el biodiesel, con aranceles extraordinariamente altos, para favorecer su propia elaboración de biocombustibles. Esto tuvo un efecto secundario mortal para nuestro país: al no importar biodiesel, para elaborarlo ellos mismos, necesitaron proveerse de más aceite. Que también trabaron. Consecuencia: una expansión fortísima de la molienda de soja, lo que originó una creciente cantidad de harina. Recordemos que la harina de soja es el principal producto de exportación de la Argentina, con embarques por 15/20 mil millones de dólares por año.
Corolario: ahora los EEUU están amenazando el liderazgo mundial de la Argentina en el mercado de harina de soja, y además deprimiendo los precios. Todo a partir del proteccionismo y los subsidios internos al biodiesel. Esto hay que ponerlo sobre la mesa.
Y pasa con otros productos. Hay una cuota de 20.000 toneladas de carne vacuna que está siendo castigada. El telón de fondo es que la inexistencia de un tratado de libre comercio complica las transacciones en innumerables cadenas agroindustriales argentinas. Y en ese marco, aparece esta amenaza suficientemente explícita como para ser considerada seriamente.
La respuesta debe ser que para que la Argentina sea una aliada, debe ser viable. Y para ser viable, lo más sano es permitir que sea realmente competitiva.
Rural – Clarín – Héctor Huergo


