Pero lo que merece un capítulo aparte (ver nota en página 6) es el hallazgo del silobolsa. Merece un libro, y aquí va el prólogo. La embolsadora se había creado en Alemania (Eberhard) pero solo se usaba para almacenar forraje picado. Un empresario de Tandil, Carlos Martínez, había visto que en Estados Unidos era muy usado el silo de grano de maíz húmedo. Se le ocurrió combinar una quebradora con una embolsadora. Viví el proceso desde muy cerca, ya que Carlos me convocó para que le redactara la patente. La logró. Se fabricó un par de máquinas para dar servicio de silaje de grano húmedo. Y fue a hablar con Zacarías Klas, titular de Ipesa, para que le proveyera las bolsas.
Así arrancó el silobolsa: no para embolsar granos, sino para hacer silo de grano húmedo de maíz. Pero una cosa llevó a la otra. Elipsis: hoy Ipesa es el mayor proveedor mundial de bolsas para todo uso. En la Argentina se resolvió el problema del almacenaje. En los 90 había silos para apenas 30 millones de toneladas. Se veían granos amontonados a la intemperie en tiempo de cosecha. Hoy producimos 150 millones y no se vuelca un grano al píso. Lo usan productores, acopiadores y exportadoras.
Y el mundo también lo descubrió. Ipesa en Rio Chico está inaugurando en los próximos meses una nueva planta para duplicar su producción. Ya es por lejos el destino más importante para el polietileno que se elabora en el país. Recordemos: el polietileno es un producto petroquímico, derivado del gas. Vaca Muerta. El silobolsa le agrega valor a Vaca Muerta.
Una solución logística que además forma parte de la agricultura liviana. Un sistema de almacenaje flexible, que acompaña al sistema de producción típico de estas pampas, sobre tierras arrendadas. Las grandes terminales portuarias ahorran millones de dólares y miles de toneladas de acero en instalaciones fijas, que se amortizan a muy largo plazo.
Y llegan los drones, que están escribiendo un nuevo capítulo en la historia de la agricultura liviana. Así se construye la competitividad. Volveremos sobre esto…
Rural – Clarín – Héctor Huergo


