Con estos dos datos podemos saber cuántos dólares de diferencia hay entre el valor FOB de la tonelada de LPE y el costo de la materia prima para elaborarla, o sea lo que cuesta llevar la leche desde el tambo hasta el puerto luego de secarla.
Esa plata incluye logística de la leche a planta, costo industrial, margen de la industria, logística a puerto y los gastos de fobbing. Los resultados son más que elocuentes. Entre enero de 2016 y junio de 2026 en el caso argentino, la diferencia entre el valor FOB y el costo de la materia prima fue en promedio de 895 dólares por tonelada, mientras que en Uruguay fueron 688 dólares por tonelada.
A estos US$207 se los puede analizar de distintas maneras, que llevar leche desde el tambo al puerto bajo la forma de LPE en la Argentina cuesta 30% más que en Uruguay, que si la Argentina tuviera los costos de Uruguay la leche podría haber valido en el promedio de la serie 2,6 centavos de dólar más, o bien en pesos actuales 40 $/litro más, que representarían un 7,6% más que el Siglea de julio y así podríamos seguir.
La pregunta sin una respuesta concreta es: ¿por qué pasa esto en la Argentina? ¿Por qué toda la competitividad de la producción primaria que se sostiene e incluso crece a pesar de ser la leche más barata entre los grandes jugadores se pierde cuando la leche sale del campo?
Seguramente es multicausal, las distancias en Uruguay son menores, lo que afecta la logística. Todo está cruzado por el costo argentino, impuestos, infraestructura, burocracia, costo laboral, etc. Del margen de la industria también se habla mucho. “Lo que pasa es que los industriales se la quedan toda”, suele escucharse. Sin embargo, basta con ver el sinnúmero de empresas con dificultades financieras, cuando no quebradas, y los cambios de manos que se producen mes a mes para concluir que muchos no solo no se la “quedan toda” sino que pierden y mucha.
El problema es que esto le curre a pesar de tener su principal componente del costo -en el caso de la LPE la leche puede llegar a representar el 70% del costo- más barato entre los competidores internacionales. También es cierto que a otros les va muy bien, lo que estaría dejando en evidencia que la gestión industrial es uno de los problemas.
¿Cuánto impacta cada cosa? Nadie lo sabe. Hacer un benchmarking con una buena apertura de costos de ambos lados del río podría generar algo de luz respecto de dónde se produce esa enorme pérdida de competitividad de nuestra lechería para poder actuar en consecuencia. Mientras tanto todo queda en una charla de café en la que todas son percepciones. “Salvo en momentos de mucha escasez el precio de la leche surge de una resta”, es una frase que tiene tanto de antipática como de sabia.
Unos US$200 por tonelada de diferencia de costo o 2,6 centavos de dólar por litro es un lujo que tal vez la inflación disimulaba o que la producción primaria soporta en un contexto en que por las retenciones los arrendamientos no cuestan lo que deberían (más del 50% de la tierra dedicada a tambo es arrendada) y lo mismo ocurre con los concentrados proteicos. Pero las retenciones pueden bajar y hasta desaparecer.
La demanda de proteína animal a nivel global genera una nueva oportunidad para la lechería argentina, pero exige un inevitable ajuste de la competitividad tranqueras afuera. Conocer sus causas resulta indispensable para poder aprovechar esa oportunidad.
El autor es director de la consultora Economía Láctea
La Nación