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Viernes, 11 Septiembre 2026 02:27

Triple crisis en naranja y mandarina: productores que no cubren los costos, industrias que no absorben el excedente y una exportación que perdió mercados

La producción de naranjas y mandarinas en Argentina atraviesa una crisis estructural profunda en 2026. La caída del consumo, los bajos precios en origen, el aumento de los costos y la pérdida de competitividad externa comprometen la rentabilidad de los productores, las empacadoras y las industrias procesadoras. La ecuación económica se deterioró hasta niveles difíciles de sostener y, en algunos casos, cosechar la fruta ya no resulta económicamente conveniente. La situación es particularmente delicada en el NEA (noreste argentino) y el Litoral, donde la producción de cítricos dulces tiene un fuerte peso económico y social.

La Federación del Citrus de Entre Ríos (FeCiER) califica a la realidad como "crítica", mientras que el indicador de economías regionales de Coninagro ha colocado formalmente a la actividad en su franja de Semáforo Rojo. "En cítricos dulces, el deterioro se concentra en el componente de negocio y responde principalmente a una menor demanda. El consumo interno cayó 10% interanual y las exportaciones 34% mientras que los precios registraron una suba del 17% interanual, por debajo de la inflación", indica la entidad. A su vez, la producción se mantiene estancada en torno a 1,6 millones de toneladas y 80 mil hectáreas.

El problema central radica en un hecho inédito para el sector: por primera vez, los tres grandes canales comerciales de la fruta (mercado interno, industria y exportación) están en crisis simultáneamente. Históricamente, cuando un canal fallaba, los otros servían de refugio, pero en la actualidad, todos presentan severas complicaciones. “Es una crisis que no se vivía hacía años”, afirmó Pablo Molo, presidente de la FeCiER.

La combinación es compleja: hay una oferta importante de fruta, pero el mercado interno no logra absorberla a precios capaces de sostener al productor. Al mismo tiempo, Argentina perdió participación en los mercados internacionales y la industria no alcanza a funcionar como una salida suficiente para el excedente. En la actualidad, las entidades del sector estiman que la exportación solo absorbe entre el 8% y el 9% de la producción de fruta, un nivel muy bajo en relación a años anteriores. En este escenario, producir y cosechar los cítricos dulces puede dejar de ser negocio.

Uno de los diagnósticos más contundentes proviene de Roberto Varela, gerente ejecutivo de la Cámara de Exportadores de Cítricos del Noreste Argentino (CECNEA) que agrupa al 98% de los exportadores de citrus de la región con 11 empresas asociadas. "La combinación de costos logísticos en alza, tipo de cambio desfavorable y restricciones sanitarias en los mercados de destino generan un escenario de alta incertidumbre para los exportadores del NEA", afirmaron desde la Cámara. Al analizar la situación de la actividad entrerriana, Varela categórico: “Aunque tuviéramos la mejor naranja, con esta mochila no somos competitivos”, sostuvo. El directivo remarcó que en 2025 solo se despacharon 30 mil toneladas al exterior, y existen dificultades para abrir nuevos mercados. Entre otros de los factores que pesan sobre la cadena, también mencionó la estructura impositiva, los costos en dólares y las condiciones laborales.

La pérdida de competitividad también puede medirse en toneladas exportadas. De acuerdo con datos aportados por el sector, los envíos de cítricos dulces desde la región llegaron a superar las 100.000 toneladas anuales, pero actualmente se encuentran muy por debajo de aquellos niveles. La caída implica que una herramienta fundamental para descomprimir la oferta interna dejó de cumplir el papel que tenía años atrás.

El problema no termina en la tranquera. Para que una naranja o una mandarina llegue a la góndola intervienen cosecheros, transportistas, empaques, cámaras de frío, industrias y comercios. Cuando el precio recibido por el productor cae por debajo de los costos, la pérdida se transmite a toda la cadena.

En algunas zonas de Entre Ríos, provincia que concentra la mayor parte de la producción de cítricos dulces con 36.625 hectáreas, la situación llegó al extremo de que parte de la fruta queda sin cosechar. Es que, tras una temporada climática óptima, hay una excelente producción y sobreoferta de fruta y, mientras el mercado interno convalidó precios muy bajos, de unos $30 por kilo, los costos logísticos y de producción promedian los $120 por kilo. Como resultado, ante la imposibilidad de cubrir siquiera el costo de la cosecha y el flete, muchos productores están tomando la drástica decisión de dejar la fruta tirada o en las plantas sin cosechar.

El cálculo de los productores es sencillo: si el precio que se obtiene por un kilo de naranjas no alcanza para pagar el costo de levantarlo del monte, cosechar significa profundizar la pérdida.

La mandarina atraviesa un escenario similar. La presión de la oferta, combinada con una demanda interna debilitada, llevó los precios a niveles que los productores consideran insuficientes. Desde la FeCiER se vienen registrando advertencias sobre fruta que permanece en las plantas porque el precio de venta no compensa el costo de cosecha.

En primera persona

Para Walter Silva Müller, citricultor de La Criolla, ingeniero agrónomo y vicepresidente de la Asociación de Citricultores de Concordia y de la Federación de Citrus de Entre Ríos, “hoy, un productor, si se pone a pensar y a hacer números, ni loco invierte en una actividad intensiva como el citrus”, sostiene. Es que los números, no dan.

Según cuenta, los costos de producción se ubican alrededor de $100 y $150 por kilo para la mandarina y la naranja, respectivamente. "Suponiendo un rendimiento promedio de 30 toneladas por hectárea -aunque en Entre Ríos estamos por debajo de esos valores y lo ideal para tener un cultivo bien trabajado son 40 toneladas- estamos hablando de grandes rasgos, $100 por kilo de costo y el precio de la fruta en la quinta del productor, una fruta para industria, para jugo, está valiendo al productor $50 el kilo", detalla. Algunos compradores se hacen cargo de la cosecha, el flete y llevan la fruta al empaque, a la fábrica o a la exportación. "La industria paga $150 el kilo, pero de eso, hay $50 prácticamente de cosecha y $50 entre flete y ganancia del comisionista, así que al productor le quedan solo $50", explica el ingeniero. Es decir, apenas cubre la mitad del costo de producción.

En cuanto a la fruta para el mercado interno y exportación, Silva Müller señala que los valores son similares, en general el precio oscila entre $100 y $150, quizás llega a $200 en algunos cítricos de variedades especiales. "Estamos entre el costo y apenas ganando un poquito más del costo, siempre hablando de un rendimiento promedio de 30 toneladas por hectárea", precisó.

Dentro de esos costos de producción, se incluye la amortización, inversiones y costos que son necesarios para sostener la actividad como la reposición de maquinaria y plantas, fertilización, etc. En este escenario, el citricultor reduce esos costos para trata de salir empatado. "El productor resigna un poco la inversión en la producción para tratar de subsistir, pero eso redunda en que el año próximo va a tener menos producción y de menor calidad, recibiendo menor precio. Entonces, entra en una cadena un poco peligrosa de desaparición de ese productor", expresa.

Una exportación cada vez más difícil

La pérdida de mercados externos es otro de los grandes problemas estructurales. Argentina enfrenta una competencia creciente de países que llegan a los mismos destinos con menores costos y mejores condiciones comerciales.

Gustavo Piloni, vicepresidente de la Federación Argentina del Citrus (Federcitrus) y referente de los exportadores de cítricos del NEA, señaló: “En la década pasada exportábamos por año de 120 a 125 mil toneladas de cítricos dulces de nuestra región y ahora no pasamos de las 40 mil toneladas porque perdimos competitividad”. Según Federcitrus, en base a datos del INDEC, en 2025 las exportaciones de cítricos dulces fueron de US$ 202 millones

El problema incluye también la carga tributaria y los costos para ingresar a determinados mercados. Al respecto, Piloni indicó: “Nosotros no sólo no tenemos tratados de libre comercio, sino que además pagamos tasas de 16% para ingresar a algunos mercados”.

En agosto, Argentina consiguió habilitar la exportación de naranjas y mandarinas a Panamá, un mercado que puede ofrecer una nueva alternativa para los productores. Pero la apertura de destinos, por sí sola, no resuelve el problema ya que para exportar de manera sostenida es necesario que la fruta argentina llegue con precios competitivos.

Cuando producir no alcanza

El mercado interno tampoco está dando respuestas. La pérdida de poder adquisitivo de los consumidores afecta el volumen de compra de frutas frescas, mientras que el productor debe afrontar costos que se acumulan durante todo el año, en fertilización, tratamientos sanitarios, mantenimiento de las plantaciones, mano de obra, cosecha, empaque y transporte.

La industria, por su parte, tampoco consigue absorber todo el excedente generado por el mercado fresco. La fruta que no encuentra una salida rentable en fresco puede terminar destinada a jugos, aceites esenciales y otros derivados, pero la capacidad de absorción industrial tiene límites. Además, los costos energéticos, laborales, logísticos y financieros afectan la competitividad de las plantas procesadoras.

Así, los tres destinos tradicionales de la fruta, el consumo interno, la exportación y la industrialización, presentan dificultades simultáneamente.

La situación genera preocupación por el futuro de una actividad que no puede ajustarse de un año para otro. Los montes de naranja y mandarina son inversiones de largo plazo. Si los productores dejan de fertilizar, renovar plantas o realizar las labores necesarias, el deterioro productivo puede aparecer en las campañas siguientes.

Por eso, la crisis no se reduce a un problema de precios de una determinada cosecha. El riesgo es que la falta de rentabilidad provoque abandono de plantaciones, menor inversión y pérdida de superficie productiva, con consecuencias económicas y sociales para las localidades donde la citricultura constituye una de las principales fuentes de trabajo.

En este contexto, en agosto pasado, el diputado de Entre Ríos Enrique Cresto propuso declarar la emergencia estructural de la actividad en la provincia. El proyecto de ley (coautoría de Juan José Bahillo) crea el Programa Provincial de Recuperación, Sostenimiento y Desarrollo de la Citricultura Entrerriana y un fondo específico (Expte 29.489).

Mientras el sector reclama recuperar competitividad, reducir costos y ampliar los mercados externos, el desafío inmediato es conseguir que producir naranja y mandarina vuelva a ser económicamente viable. Porque detrás de una fruta barata en origen hay una cadena que necesita sostenerse durante todo el año. Y hoy, en buena parte de la citricultura dulce argentina, el problema ya no es solamente cuánto se produce, sino si conviene cosechar lo producido.

Clarín – Mariela Vaquero

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