Además, la nueva conducción deberá recuperar el vínculo con los proveedores, lograr que se liberen componentes aún hoy retenidos en la Aduana y presentar un programa para saldar las deudas salariales acumuladas.
Fundada en 1949 por Roque Vasalli, en la localidad santafesina de Firmat, la empresa fue por mucho tiempo la cara visible de las cosechadoras argentinas, y una líder indiscutida del mercado. Entre sus hitos se reserva el mérito de haber fabricado en 1951 el primer cabezal recolector de maíz del mundo, y en su mejor época, alrededor de los sesenta, llegó a vender unas 1000 unidades al año.
En un mercado que inicialmente se acotó con la expansión de los jugadores multinacionales, tradicionalmente con mayor escala y espalda, el nuevo milenio encontró a Vasalli ante un tablero muy diferente. Sobre todo, a partir de 2018, cuando, con un pasivo declarado de más de 547 millones de pesos -en su mayoría con el Banco Nación- decidió hacer un primer llamado a concurso preventivo.
En 2020, Financiamiento Estratégico SA asumió la gestión y reactivó la planta. Con Esteban Eskenazi con el 90% del capital y Matías Carballo como socio minoritario, el concurso fue luego homologado con una quita y un plan de pagos. Pero no solucionó la crisis estructural.
La debacle se profundizó a partir de 2023, cuando la sequía, la falta de financiamiento, la inestabilidad cambiaria y los altos índices de inflación deprimieron el mercado de maquinarias y Vasalli decidió dejar de tomar nuevas ventas para poder cumplir con los compromisos.
A principios del año siguiente, Eduardo Marsó y su familia, de tradición avícola, se hicieron con la empresa por unos 8 millones de dólares y una promesa de reactivación bajo el brazo, que no tardó en naufragar. El conflicto se agudizó en 2025, cuando comenzaron los atrasos salariales, los proveedores suspendieron entregas y, hacia fin de año, terminó paralizándose la producción.
A comienzos de junio, la empresa acumulaba 869 cheques rechazados por aproximadamente 1337 millones de pesos, además de salarios y obligaciones con proveedores incumplidas. Un paquete que decidió adquirir Chinelli en una operatoria que ahora el directorio terminó de homologar.
Aún se desconoce quiénes integran el grupo inversor detrás de Chinelli, pero este es, ciertamente, una cara conocida para Vasalli.
El ejecutivo está vinculado a la empresa desde los años noventa, cuando representó a accionistas minoritarios durante la etapa del grupo Koner-Salgado, y fue luego convocado durante la gestión de Eskenazi y Carballo. De hecho, se mantuvo como gerente general durante los primeros meses de la familia Marsó.
Ahora, será la cara visible de lo que, señala, será un plan de reactivación.
Bichos de Campo – Lucas Torsiglieri


