El dinero no sale de las cuentas municipales. Una vez por mes, la comisión se reúne y decide cómo utilizarlo: compra de materiales, reparación de maquinaria, incorporación de equipos y otros gastos. Las operaciones se hacen a través de los canales administrativos del municipio y quedan sujetas a las auditorías del Tribunal de Cuentas bonaerense.
“No quisimos crear un andamiaje administrativo, porque vos tenés que pagar un gerente, pagar un contador, pagar un abogado y eso me parece que el contribuyente no lo tiene que absorber”, señaló Seambelar.
Antes de que se aprobara el sistema, desde la Rural pidieron saber cuántos kilómetros de caminos había que mantener y qué tareas eran necesarias. Según contó Seambelar, hasta entonces se hablaba de una red de 1350 kilómetros. Un plan elaborado por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) determinó que eran entre 900 y 920 kilómetros.
Para Seambelar, ese estudio fue “la piedra fundamental”. “Desconocíamos la cantidad de kilómetros y qué había que hacer de forma urgente. El plan rector lo que nos hizo fue saber dónde estábamos parados”, explicó. El relevamiento permitió conocer dónde hacían falta alcantarillas y alteos y trazó un programa de trabajo para los próximos diez años. La comisión incorporó además a tres ingenieros para llevar adelante las tareas.
Pero el traspaso, según cuentan, no fue “todo color de rosas”. De las cinco motoniveladoras municipales destinadas a los caminos rurales, solo una estaba en funcionamiento cuando la CASER comenzó a trabajar.
“Debíamos recibir las máquinas en funcionamiento, pero no andaba prácticamente ninguna. Arrancamos con una sola máquina, hoy tenemos cinco”, contó José Vergara, tesorero de la CASER. La maquinaria y el personal fueron trasladados a un predio cedido sin costo por la Sociedad Rural y organizaron el trabajo para que cada cuartel tuviera una máquina y un maquinista asignado. Pero al comienzo tampoco contaban con vehículos para trasladar al personal, repartir combustible o permitir que los ingenieros recorrieran las obras.
“Un vecino se encargó durante mucho tiempo, con su vehículo, de distribuir el gasoil por todo el partido para todas las máquinas y tractores”, relató Vergara. Hace unas semanas compraron una camioneta y ahora están en proceso de adquirir un camión para trasladar materiales.
Otra de las primeras decisiones fue trabajar sobre los accesos a las escuelas rurales. La CASER comenzó a funcionar el 2 de febrero y, según sus integrantes, para el 8 de marzo ya habían repasado los ingresos a todos los establecimientos educativos rurales del distrito.
“En menos de un mes y medio nosotros le garantizamos a las maestras y a los alumnos poder llegar a las aulas y no suspender clases, que eso antes sucedía mucho en Magdalena”, afirmó Seambelar.
Según Vergara, a medida que comenzaron los trabajos también hubo vecinos que decidieron aportar dinero por encima de la tasa vial para comprar material. Calculó que de esa manera se financiaron entre 200 y 400 camiones de material para los caminos. “Hay mucho trabajo de los vecinos y mucha colaboración de los vecinos, que viendo que esto apuntaba bien y que se empezaban a hacer las cosas y que los caminos se estaban levantando, pusieron dinero por sobre la tasa vial”, contó.
El cambio en los caminos también generó algunas situaciones que, según Vergara, antes eran impensadas. “Hubo directoras de escuela que nunca vieron pasar la máquina por el frente. Nunca. Y ahora pasó el maquinista y la directora salió a aplaudirlo”, contó. Incluso, en otra escuela, las maestras le festejaron el cumpleaños al maquinista.
La Nación – Pilar Vazquez


