“Hoy el productor ya no busca solo maximizar el rendimiento en un año favorable, sino asegurar un piso de producción que le permita planificar, invertir y crecer con mayor previsibilidad”, destacó Ricardo Mendiolaza, gerente de la compañía que desarrolló la investigación.
“Entendemos que el riego es una inversión de largo plazo, que suele implementarse por etapas y requiere capacitación, acompañamiento técnico permanente y una relación cercana con el productor para obtener el máximo beneficio en cada campaña”, agregó.
Productividad y estabilidad
De este modo, crecer no necesariamente implica sumar hectáreas. La incorporación de tecnologías como el riego permite aumentar la productividad sobre la misma superficie, evitando los mayores costos de logística, infraestructura y mano de obra que supone expandir el área cultivada. Además, mejora la rentabilidad y reduce el riesgo asociado a la variabilidad climática.
En este marco, el riego por goteo ofrece la posibilidad de contar con proyectos personalizados según el tipo de suelo, la disponibilidad de agua, el manejo agronómico y los objetivos de cada establecimiento.
La implementación suele realizarse por etapas, de acuerdo con las necesidades y posibilidades de inversión de cada productor, por lo que el acompañamiento técnico resulta un aspecto clave para el éxito del proyecto.
Inversión con retorno comprobado
En tanto, uno de los principales desafíos al incorporar un sistema de riego es evaluar el retorno de la inversión. Para ello, es fundamental tomar como ejemplo los análisis económicos con información obtenida de establecimientos donde la tecnología ya se encuentra en funcionamiento.
Los ensayos consideran rindes históricos, márgenes brutos, flujo de fondos y distintos escenarios productivos para proyectar el recupero de la inversión. Según estos estudios, el incremento en la productividad y la mejora de los márgenes permiten proyectar un retorno en aproximadamente cinco campañas, favorecido además por las herramientas de financiamiento disponibles para el sector.
Además de su impacto productivo, el riego representa una inversión de alto retorno.
Actualmente, existe un régimen de incentivo para medianas inversiones (RIMI) que está diseñado específicamente para este sistema de riego, generando un alto beneficio impositivo a través de la amortización acelerada de esta herramienta y sus partes, eliminando o reduciendo el pago de impuesto a las ganancias y devolviendo de forma anticipada de IVA a las empresas que invierten en esta tecnología.
Este beneficio se traduce en un ahorro impositivo para productores agropecuarios con campo propio de 100.000 USD en promedio, dependiendo de su posición impositiva.
El denominado “efecto RIMI” demuestra que, frente a otras alternativas de inversión, no existe otra tecnología capaz de ofrecer retornos similares y, al mismo tiempo, estabilizar la producción para asegurar los ingresos año tras año.
Para muchos productores, esto se traduce en la tranquilidad de contar con un verdadero “seguro” de cosecha, que garantiza un piso de rendimiento, aporta mayor previsibilidad al negocio y permite aprovechar oportunidades de financiamiento con tasas de crédito favorables.
La tecnología de riego subterráneo permite aplicar el agua directamente en la zona radicular del cultivo, minimizando las pérdidas por evaporación, escurrimiento y percolación, además de optimizar el consumo energético. De este modo, posibilita producir más utilizando de manera más eficiente dos recursos estratégicos para el agro: el agua y la energía.
“Desde el inicio buscamos construir un equipo y procesos sólidos que nos permitieran ofrecer una solución integral al cliente, con acompañamiento local y personal capacitado siempre cerca”, recordó Mendiolaza.
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