La empresa tiene una característica que sus integrantes destacan con orgullo: toda la familia participa del negocio. El padre y dos de los hijos son veterinarios, una hermana contadora se ocupa de la administración junto a la madre, y la esposa de Maximiliano está a cargo de la fotografía, los catálogos y los registros. “Estamos todos metidos en esta empresa”, resumió.
Ese trabajo conjunto está enfocado casi exclusivamente en producir genética. La cabaña cuenta con unas 700 vacas entre pedigree, puros controlados y rodeo general, pero el objetivo principal no es producir carne sino generar reproductores de calidad. Incluso, muchas de las hembras se retienen para ampliar la base genética mediante programas de embriones y aumentar la presión de selección.
“Nos dedicamos de lleno a la genética. La recría y el engorde aparecen como una oportunidad por el contexto, pero no son el objetivo de la empresa”, explicó Bellocq.
La selección de los futuros toros combina observación fenotípica, controles permanentes, ecografías de carcasa y análisis genómicos. Pero, en el fondo, Bellocq sabe que ningún dato reemplaza al ojo del cabañero.
El crecimiento comercial de Santa Rosa también refleja un cambio profundo que atraviesa a la ganadería argentina. Según destaca el veterinario, cada vez más productores agrícolas vuelven a incorporar vacas o amplían sus rodeos, destinando incluso lotes agrícolas a la producción de pasturas para recriar más animales e invertir en mejores reproductores.
“Voy mucho a recorrer campos y veo productores que antes tenían las vacas en un bajo y hoy quieren hacer pasturas, duplicar el rodeo, recriar más y comprar genética. Me parece que estamos viviendo un momento muy importante, hasta histórico, para la ganadería”, aseguró.
Esa realidad contrasta fuertemente con la que vivió durante su adolescencia. Aunque hoy tiene apenas 32 años, Bellocq recuerda perfectamente el impacto que tuvieron las políticas ganaderas del kirchnerismo, agravadas por la histórica sequía que golpeó al campo entre 2008 y 2009.
“Me crié con eso. Encima coincidió con una sequía recontra importante. Hoy veo para atrás y lo que pasó me parece un delirio”, recordó.
La comparación económica también resulta contundente. “En esa época se cambiaban vacas por rollos. Hoy, con una vaca comprás 100 o 150 rollos. Es otra realidad completamente distinta”, graficó el productor, reflejando la enorme recuperación que experimentó el valor de la hacienda en los últimos años.
Para Bellocq, el escenario actual tiene uno de sus más sólidos fundamentos: la menor cantidad de vacas que existe a nivel mundial, especialmente en países como Estados Unidos -donde los costos de producción son mucho más elevados- que promete sostener una demanda firme por carne vacuna durante los próximos años.
“Es un momento soñado. Creo que no nos vamos a olvidar nunca de esta etapa. Cada vez hay menos stock de vacas en el mundo y la población sigue creciendo, así que la demanda va a seguir estando. Argentina tiene enormes ventajas competitivas y, s el contexto político acompaña, vienen años extraordinarios para la ganadería”, concluyó.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti


