El trigo volvió a liderar las exportaciones agroindustriales argentinas hacia ese destino, con U$S 1.211 millones, seguido por la leche (U$S 245 millones), las papas congeladas (U$S 235 millones), la cebada cervecera (U$S 196 millones) y la malta (U$S 181 millones). En conjunto, esos cinco productos explican más de la mitad del valor agroindustrial exportado hacia el mercado brasileño.
Al mismo tiempo, Brasil también ganó protagonismo como proveedor de alimentos para Argentina. En 2025, las importaciones agroindustriales desde ese país crecerán 37%, impulsadas por el ingreso de poroto de soja, carne porcina y carne bovina congelada.
La importancia del mercado brasileño también se refleja con claridad en Córdoba.
Durante los primeros cinco meses de 2026, Brasil volvió a consolidarse como el principal destino de las exportaciones provinciales, con el 13,7% del total vendido al exterior y un incremento interanual del 17,4%.
La canasta exportadora muestra el perfil industrial de esa relación: vehículos automotores representaron el 37% de las ventas; autopartes, el 16%, y leches preparadas, el 12%.
Estos datos muestran que la relación bilateral excede ampliamente el Mercosur y constituye un componente central del entramado productivo argentino.
Pero mientras el intercambio comercial continúa creciendo, otra comparación comienza a preocupar al sector agroindustrial argentino y está más allá de la tensión política.
Un reciente informe elaborado por los economistas Guido D'Angelo, Emilce Terré y Julio Calzada, de la Bolsa de Comercio de Rosario, advierte que la distancia entre las agroindustrias de ambos países no deja de ampliarse.
Hace tres décadas, Brasil producía un 53% más de soja, maíz y trigo que Argentina.
Durante la década de 2000, esa diferencia incluso llegó a reducirse hasta el 45%, impulsada por la incorporación tecnológica en ambos países.
Sin embargo, el escenario cambió. Mientras Brasil consolidó políticas de largo plazo para el sector –como el Plan Safra, líneas de financiamiento e incentivos permanentes a la inversión–, Argentina volvió a aplicar derechos de exportación y otras medidas que desalentaron el crecimiento.
El resultado es contundente. En las primeras campañas de la década de 2020, Brasil ya produjo un 155% más de granos que Argentina. Para la campaña 2025/26, las proyecciones indican que esa diferencia seguirá cercana al 150%.
La ganadería muestra un proceso similar. Hoy Brasil produce casi cuatro veces más carne vacuna que Argentina y exporta más de cinco veces el volumen argentino, luego de haber multiplicado por 13 sus ventas externas en poco más de tres décadas.
La diferencia no sólo responde a una mayor superficie agrícola o a mejores rindes. También existe una enorme brecha en materia de financiamiento.
Según el informe de la Bolsa rosarina, mientras el crédito al sector privado representa apenas el 15% del PIB argentino, en Brasil alcanza casi el 76%.
En este escenario, deteriorar el vínculo político con el mayor mercado del Mercosur difícilmente pueda generar beneficios para un país cuya estrategia económica depende cada vez más de incrementar sus exportaciones.
La política exterior puede atravesar momentos de tensión. El comercio, en cambio, requiere previsibilidad, confianza y reglas estables.
La Voz del Interior – Alejandro Rollán


