El gran problema del girasol se llama Diaporthe/Phomopsis helianthi, el hongo causante del cancro del tallo. Es una enfermedad vascular que viene siendo un problema desde hace años, sobre todo en años húmedos. El patógeno sobrevive en el rastrojo y sus esporas son diseminadas por el viento, infestando los lotes. Por eso es clave la rotación, la genética, el manejo y el monitoreo. El manejo de la densidad es clave: un exceso de plantas genera un microclima predisponente a la enfermedad, con mayor riesgo. Lo mismo ocurre con la fertilización nitrogenada, ya que un exceso genera mayor canopeo y, por ende, una situación ideal para la enfermedad. Ahora bien, bajar la densidad de plantas no es solo sembrar menos semillas: hay que afinar varias cosas.
Es clave monitorear y controlar las plagas de suelo, ya que pueden bajar la densidad de plantas mucho más de lo esperado y de manera desuniforme, afectando el potencial de rendimiento. Un cultivo de menor densidad también necesita un manejo de malezas intensivo: es clave arrancar con el cultivo limpio y el lote reseteado, para una mejor implantación y potencial.
Tampoco hay que olvidarse de la temperatura del suelo. Sembrar muy temprano en el sudeste bonaerense, con temperaturas por debajo de los 8 a 10 grados centígrados, expone al cultivo a una germinación lenta y despareja, dejándolo expuesto a plagas y con un stand de plantas final menor. La fecha de siembra tiene más que ver con el posicionamiento del período crítico que con la enfermedad en los planteos productivos: en suelos someros, la idea es escaparle a enero y posicionar la siembra a fines de noviembre; en suelos de alto potencial, a mediados de octubre, para captar el máximo potencial.
En cuanto a genética, los semilleros más importantes están trabajando fuerte en resistencia a phomopsis, y tanto la Red de Girasol como los extensionistas locales aportan datos muy valiosos.
El autor es un ingeniero agrónomo radicado en Necochea, asesor privado del sudeste y el sudoeste bonaerense
La Nación


