El informe del INTI también identificó otros atributos: la carne porcina aporta proteínas de alto valor biológico, minerales esenciales y creatina natural, lo que la posiciona como una alternativa válida para deportistas. “Hay carne magra para los deportistas que necesitan una alimentación de ese estilo. Aporta creatina natural, lo que evita el uso de suplementos o cualquier tipo de complemento”, explicó el directivo de la Federación Porcina.
El boom del consumo también transformó la oferta en el mostrador. Cortes que antes se destinaban casi en su totalidad a la industria chacinera —como la nalga, la bola de lomo, la cuadrada, el cuadril y el carré— hoy llegan frescos a las carnicerías. “Toda la parte de la pata, por lo general, antes se destinaba a la industria que realiza los chacinados y los fiambres. Actualmente el boom de consumo que se está dando es por la carne fresca; todo eso se tracciona al mostrador”, explicó Seijas.
El pechito de cerdo, en particular, se consolidó como el reemplazo directo del asado vacuno. “No hay ningún asado que hoy no tenga un corte de cerdo. El pechito es el reemplazo del asado vacuno”, afirmó el directivo. Las milanesas de cerdo —elaboradas con bola de lomo, nalga, cuadrada o cuadril— también ganaron terreno en la cocina cotidiana.
La irrupción del cerdo en la dieta argentina tiene un hito político que Seijas no esquivó: en 2010, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner afirmó públicamente que la grasa de cerdo era menos nociva que la de vaca y que mejoraba la actividad sexual. “Desde que lo dijo Cristina, hubo un boom de consumo”, recordó. La carne porcina, añadió, “aporta vitalidad y eso hace que uno tenga mucha más energía para la vida diaria.”
El trasfondo macroeconómico del fenómeno queda claro con los datos de la Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Carne de Cerdo (Caicha): en 2025, la carne vacuna aumentó 56,8% frente a una inflación del 31,5%, mientras que el cerdo subió 29,4% y el pollo, 19,2%. “Es una de las carnes que menos aumenta; combate la inflación porque mantiene precios estables, por lo menos desde el punto de vista productivo”, señaló Seijas.
Ese escenario se enmarca en una tendencia más amplia. Según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, el consumo de carne porcina creció 171% en los últimos 20 años: pasó de 6,22 kilos por habitante en 2006 a 18,89 kilos en 2025. Al mismo tiempo, el consumo de carne vacuna cayó a 47,3 kilos per cápita, el nivel más bajo en dos décadas, según datos de Ciccra. “Lo que estamos tratando de mostrar es que, además de que ayuda al bolsillo, aporta un montón de nutrientes a la dieta que son esenciales para el desarrollo”, cerró Seijas.
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