Asimismo, se contempla la cría, recría y engorde de ganado vacuno, además de producción ovina y caprina. Otras alternativas de producción de gran potencial son la actividad frutícola, como cultivos de frutos secos (nogales, almendras, avellanas), olivos, cerezas y otros; así como la forestación con salicáceas (álamos y sauces). Para solucionar algunas problemáticas vinculadas a la infraestructura de riego, se prevé la optimización y construcción de nuevas bocatomas (captación de agua), así como la construcción de nuevos canales principales y de nuevas estaciones de bombeo.
Y como las redes de drenaje son actualmente casi inexistentes, se prevé un diseño integral nuevo: la solución preliminar propone utilizar los cañadones aluvionales y arroyos naturales como descargadores de los canales principales para conducir los excedentes hídricos de regreso al río Limay.
El proyecto –impulsado ya en 2023, bajo la gobernación de Omar Gutiérrez– no solo busca la producción alimentaria propia y el autoabastecimiento, sino también “romper” con la hegemonía de la actividad hidrocarburífera en el Producto Bruto Geográfico (PBG) provincial, que hoy depende en un 45% de la minería y petróleo. Se estima que la iniciativa beneficiará de manera directa a unos 7700 habitantes de la región.
Uno de los desafíos planteados por el gobierno provincial es la convivencia con las zonas urbanas. El actual gobernador, Rolando Figueroa, anunció un proyecto de ley para resguardar las áreas irrigadas del avance de loteos y urbanizaciones, asegurando que la tierra mantenga su destino agrícola. Además, se evalúa la recuperación de costos mediante la venta de tierras fiscales que se generen y el canje de tierras con el sector privado a cambio de las inversiones en infraestructura que realizará la provincia.
La Nación – García Pastormerlo


