El financiamiento constituye uno de los principales desafíos para el sector agropecuario argentino. La actividad demanda capital de trabajo al inicio de cada campaña, pero los ingresos recién se materializan varios meses después de la siembra. A eso se suma la volatilidad climática y de precios, que elevan la percepción de riesgo, y un sistema bancario que muchas veces ofrece líneas con plazos limitados, exigencias patrimoniales elevadas o condiciones que no siempre acompañan los tiempos del ciclo productivo. En ese contexto, acceder a financiamiento competitivo y adaptado a la realidad del productor continúa siendo una de las principales restricciones para invertir, crecer y ganar competitividad. Es frente a ese escenario que el mercado de capitales aparece como una alternativa con enorme potencial, aunque históricamente poco desarrollada para las economías regionales.
Nuevo uso
Un warrant es un instrumento financiero que representa mercadería depositada en un almacén habilitado y certificado. A diferencia de una prenda convencional, permite al titular constituir una garantía real sobre su producción — soja, maíz, algodón, entre otras- sin necesidad de venderla ni desprenderse físicamente de ella. Hasta ahora, los warrants funcionaban principalmente como garantía en operaciones crediticias bancarias o extrabursátiles.
Lo que la Bolsa chaqueña estructuró es cualitativamente distinto: la garantía queda registrada y custodiada dentro de la infraestructura del mercado de capitales regulado (A3 Mercados) mientras el instrumento de deuda (pagaré bursátil) se negocia en el MAV.
Desde la Bolsa de Chaco subrayan que las empresas agropecuarias -en particular las de la región Norte, donde el Chaco es el principal referente- enfrentan ciclos productivos largos, necesidades de capital de trabajo estacionales y una oferta crediticia que no siempre se adapta a sus tiempos ni a sus activos.
Después de esta primera operación, la entidad está estructurando operaciones similares para empresas del sector agropecuario de toda la región norte de Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones, Santiago del Estero con producción de soja, maíz y algodón, con el objetivo de consolidar este tipo de financiamiento como una herramienta regular y accesible para el sector productivo regional.
La Nación – Gabriela Origlia