En un audio enviado a los trabajadores, Julio Chamorro, secretario general de STIA de Concepción del Uruguay, cuestionó la propuesta presentada por la compañía: “Lamentablemente no tenemos las mejores noticias. Granja Tres Arroyos se presentó con algo que para nosotros parece inviable”.
Según relató a LA NACION, la empresa planteó la necesidad de conseguir US$8 millones para volver a poner en marcha parte de la operación. “Necesitan US$8 millones y 60 días para empezar a faenar 80.000 pollos”, afirmó. Para el dirigente sindical, el esquema presentado deja demasiadas incógnitas abiertas. “El ofrecimiento es con plazo incierto porque depende de que consigan esos US$8 millones”, señaló.
Chamorro explicó que, aun consiguiendo esos fondos, la propuesta contempla una reactivación parcial de la planta y una reincorporación gradual del personal. “Para poder completar la faena de 160.000 a 170.000 pollos van a necesitar en algún momento otros US$8 millones”, agregó.
Según indicó, la empresa estimó que recién hacia comienzos de 2027 podría recuperar niveles normales de actividad. “Dijeron que en enero o febrero del año que viene estarían volviendo a la normalidad”, dijo.
El dirigente también cuestionó que durante la reunión no se presentara una propuesta concreta para cancelar las deudas salariales pendientes. “A pedido de las autoridades provinciales, propusieron darnos una especie de ticket canasta, un vale por $25.000 por semana para comprar mercadería en el almacén de la planta”, expresó. Y concluyó con dureza: “Eso fue todo el ofrecimiento de GTA”.
Pero las dudas sobre la viabilidad de una reapertura no provienen únicamente del sector sindical. Entre los productores integrados que durante años abastecieron a la compañía también crece el escepticismo.
Ricardo Unrein, de la Cámara Argentina de Productores Integrados de Pollos (Capip), consideró que la situación actual hace extremadamente difícil reconstruir la estructura productiva que sostenía la operación de La China. “Ya se fueron casi todos los productores integrados, no le queda casi nadie”, afirmó a LA NACION.
Según explicó, aun si la empresa lograra reunir los fondos necesarios, enfrentaría otro desafío: recuperar la capacidad de crianza. “Si no hay confianza en el integrado, no van a tener granjas tampoco”, sostuvo.
De acuerdo con sus cálculos, para sostener una faena diaria de 80.000 pollos sería necesario contar con cerca de cuatro millones de aves en crianza y una red de alrededor de 70 granjas activas. “Es imposible hacerlo si no tienen granjas porque 80.000 pollos diarios a 20 días representan 1,6 millones de pollos en un mes y ya tiene que venir otros 1,6 millones detrás criándose”, resumió.
Es la otra punta del ovillo que hay que tener en cuenta para el dirigente de Capip: “Hoy, esos cuatro millones de pollos a 15.000 pollos por galpón son 300 galpones que dividido entre tres y cuatro galpones que tiene cada productor, necesitan 70 granjas al menos y no tienen ni cerca esa cantidad. Es imposible de levantar esa planta”.
Unrein también cuestionó la propuesta presentada a los acreedores. “La otra propuesta que le hicieron a los proveedores con una quita del 75% del capital de la deuda es decirles directamente que no les van a pagar a nadie”, afirmó.
En esa línea, apuntó contra el rol que tuvieron las medidas gremiales durante los últimos meses de funcionamiento de la planta. Sostuvo que los conflictos laborales terminaron afectando directamente la operatoria diaria y agravaron una situación que ya era delicada desde el punto de vista financiero: “Hay mucha gente del sindicato que se tiene que sacar la careta”.
Relató que las medidas de fuerza provocaban demoras en la faena y generaban pérdidas dentro de la cadena productiva: “En vez de faenar los 180.000 pollos que estaban pactados, faenaban 150.000 y los otros 30.000 no avisaban que ya estaban cargados los camiones, quedaban parados para el otro día y se moría la mitad de los pollos adentro del camión”.
Consideró que los gremios deberían realizar una autocrítica sobre lo ocurrido y hacer un mea culpa muy grande junto con sus empleados. “Hace rato que el presidente de la empresa les venía diciendo que finalizaran con estas medidas porque iba a terminar mal. No lo quisieron creer y les cerró el frigorífico”, expresó.
Para Unrein, la posibilidad de reactivar La China es hoy extremadamente compleja. “No hay vuelta atrás. La China es un semejante monstruo imposible de dar marcha atrás y reiniciar la cadena. Es más complicado todavía porque ya no tienen productores que quieran volver a criarles, se fueron todos. Les aconsejamos que dieran por perdida la deuda que tenían, que no la iban a cobrar más pero que no la incrementaran”.
Mientras tanto, los pocos productores integrados que aún continúan vinculados a la compañía atraviesan semanas de extrema incertidumbre. Uno de ellos, que pidió reserva de identidad, relató las dificultades que enfrentó recientemente para mantener la producción: “Estuve seis días sin alimento en la granja hace tres semanas atrás”, contó. Detalló que las consecuencias fueron severas. “Yo había bajado 32.000 pollos y quedarán ahora unos 25.000 porque muchos se murieron de hambre”.
También describió la incertidumbre financiera que enfrentan quienes todavía continúan trabajando con la empresa. “Los cheques vienen todos de vuelta, las cuentas en los bancos están embargadas”, indicó. Según explicó, muchos productores permanecen dentro del sistema porque aún esperan cobrar crianzas ya entregadas. “La poca gente que quedó está con esa disyuntiva de qué hacer”, expresó.
Mientras continúan las negociaciones con sindicatos y acreedores, la situación de La China sigue sin una salida definida. La empresa busca fondos para volver a operar, los trabajadores reclaman certezas y los productores advierten que la red de integración que durante años abasteció al frigorífico se encuentra seriamente deteriorada.
La Nación – Mariana Reinke


