El pasaje en el escrito de Sturzenegger suponía un aluvión de respuestas de parte de las entidades rurales, respondiendo esta chicanera acusación, algo que no ocurrió. Ni como respuesta, no como explicación de porqué las entidades hablan de derechos de exportación casi como tema insoslayable.
Quien si lo hizo fue Pablo Ginestet, productor agropecuario y coordinador de la Comisión de Agricultura de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). En la misma red social, Ginestet le retrucó: “Ministro, las entidades rurales no hablamos de DEX porque nos rindiera políticamente. Hablamos de retenciones porque durante décadas fueron un impuesto confiscatorio que el propio Presidente calificó como un robo. Y porque miles de productores quedaron en el camino”.
El productor, a su vez, expresó: “Celebramos toda medida que promueva innovación y mejores semillas. Pero no reescribamos la historia: miles de productores desaparecieron mientras el Estado se quedaba con una parte creciente de su producción. Es injusto atribuir el atraso productivo argentino a una sola causa, la genética en este caso. Si los incentivos son clave para que una empresa invierta en genética, también lo son para que un productor siga produciendo, invirtiendo y no desaparezca”.
Mas allá de lo discursivo, Ginestet respondió con datos algunas expresiones del ministro desregulador, que comparó la producción argentina con la de Brasil. Al respecto, el ruralista detalló: “Según su informe, al que todavía le faltan muchos datos para poder debatir adecuadamente, hay algo que llama la atención. las ultimas 5 campañas arg. tuvo un rinde nacional de soja de 29 qq/ha, mientras que Brasil y EE.UU. estuvieron en torno a los 33 qq/ha. una dif de 16%. Traducido a producción, eso equivale a unas 8.5 millones de toneladas. Pero cuando hablamos de productividad hablamos de genética, manejo, fertilización, infraestructura, financiamiento, estabilidad macro, presión tributaria y DEX exportación, entre muchos otros factores. Si el atraso productivo del informe se explicara principalmente por la genética, estaríamos concluyendo que cerca del 85% de esa brecha responde a un único factor. Y eso es algo que cualquiera que conozca mínimamente el funcionamiento del sector sabe que no es cierto”.
Para finalizar, el dirigente agropecuario enfatizó: “Necesitamos una nueva ley de semillas. Necesitamos más innovación y más tecnología. Pero los debates deben darse sobre datos completos, evidencia rigurosa y diagnósticos serios, no sobre simplificaciones, falacias o chicanas. Si los incentivos explican toda la diferencia de productividad, entonces las retenciones tampoco deberían haber tenido efectos. Y sabemos que nadie en este gobierno sostiene semejante cosa”.
Bichos de Campo


