Durante años, las rotaciones se apoyaron principalmente en esquemas como trigo–soja o cebada–soja, con escasas alternativas para el invierno. Hoy, camelina, colza y cártamo abren la posibilidad de sumar un nuevo eslabón al doble cultivo, aprovechando tierras que antes quedaban en desuso por falta de opciones viables. Introducir cultivos que permitan una producción en esas ventanas y que no comprometan el cultivo principal se traduce en una mayor eficiencia en el uso de los recursos y en la posibilidad de generar un ingreso adicional para el productor agrícola.
Bioenergía certificada
El aporte ambiental de estos cultivos es central. Cumplen un doble rol estratégico: por un lado, fijan carbono de la atmósfera; por otro, permiten desarrollar aceites con baja huella ambiental, clave para la producción de biocombustibles avanzados.
El crecimiento de estos cultivos está directamente vinculado a un fenómeno global. Las empresas buscan activamente fuentes de bioenergía para abastecer sus refinerías, en un contexto donde la transición energética dejó de ser un discurso para convertirse en una exigencia concreta. De esta forma, no se trata solo de producir más, sino de producir de una manera que cumpla con estándares ambientales cada vez más exigentes.
En Bunge creemos que la sustentabilidad no es un concepto abstracto, sino una práctica concreta que se construye junto al productor. Por eso, fuimos pioneros en el desarrollo de estos cultivos en el país, acompañando su crecimiento con genética, conocimiento agronómico y acceso a mercados. Entendimos desde el inicio que no existe una única solución para todos los productores ni para todas las regiones. Por eso impulsamos camelina, colza y cártamo para adaptarse a distintas ventanas invernales, climas y necesidades puntuales de cada productor.
Durante la última campaña, los convenios realizados por la compañía alcanzaron 90.000 hectáreas productivas, repartidas en más de 1000 lotes distribuidos en ocho provincias, lo que significó triplicar el volumen de la campaña anterior. Nuestro compromiso es seguir ampliando estas alternativas, integrar a más productores y fortalecer un sistema productivo que responda a las demandas actuales desde una perspectiva sostenible.
Estos cultivos demuestran que es posible producir más y mejor, cuidando el suelo, diversificando ingresos y conectando al productor con los mercados más dinámicos del mundo. La agricultura del futuro ya está en marcha. Y se construye sobre la base de la innovación, la sustentabilidad y una visión de largo plazo.
El autor es gerente de Marketing y Nuevas Semillas de Bunge Argentina
La Nación


