La reunión contará con la participación de representantes de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Italia, Canadá y Japón, además de organismos internacionales como la FAO, la OCDE y el Sistema de Información sobre los Mercados Agrícolas (AMIS).
El impacto logístico del estrecho de Ormuz
Buena parte de la preocupación internacional se explica por la relevancia que tiene el golfo Pérsico dentro del comercio mundial de fertilizantes.
Diversos informes estiman que la región concentra entre el 30% y el 35% de las exportaciones globales de urea y entre el 20% y el 30% de las de amoniaco, dos de los principales insumos utilizados por la agricultura mundial.
Además, hasta un 30% del comercio internacional de fertilizantes transita por el estrecho de Ormuz.
La interrupción parcial de esta ruta generó demoras operativas, restricciones de capacidad y un incremento significativo de los costos logísticos asociados al transporte marítimo.
A ello se sumó el aumento del precio internacional del gas natural, materia prima esencial para la fabricación de fertilizantes nitrogenados.
La combinación de ambos factores provocó una fuerte presión sobre toda la cadena de abastecimiento, desde la producción hasta la distribución final.
Según reportes internacionales citados por las autoridades francesas, los precios de la urea y el amoniaco registraron incrementos superiores al 20% en mercados estratégicos.
En algunos momentos de las interrupciones registradas en la zona, la cotización internacional de la urea llegó incluso a triplicarse.
Riesgos para las cadenas agrícolas globales
Más allá de las variaciones de precios, la principal preocupación radica en la resiliencia de las cadenas de suministro.
El modelo actual de abastecimiento de fertilizantes depende de una red internacional altamente interconectada que involucra terminales portuarias, operadores marítimos, centros de almacenamiento y distribuidores locales.
Cuando uno de esos nodos enfrenta interrupciones, los efectos suelen propagarse rápidamente hacia otros mercados. Esto explica por qué una crisis localizada en Oriente Medio puede terminar afectando a productores agrícolas de Asia, África o América Latina.
Los países importadores aparecen entre los más expuestos a este escenario, especialmente aquellos que dependen de las compras externas para sostener sus niveles de producción agrícola.
Ante esta situación, organismos internacionales han advertido sobre posibles impactos en la seguridad alimentaria global si las dificultades de abastecimiento persisten durante períodos prolongados.
Cooperación para fortalecer la resiliencia
Uno de los principales objetivos de la reunión ministerial será avanzar en mecanismos de cooperación internacional que permitan mejorar la transparencia de los mercados y fortalecer el intercambio de información.
También se buscará desarrollar estrategias para aumentar la resiliencia de las cadenas agrícolas frente a futuras perturbaciones económicas, energéticas o geopolíticas.
La iniciativa refleja una preocupación creciente entre las principales economías del mundo: garantizar que insumos críticos como los fertilizantes continúen llegando a los productores agrícolas aun en contextos de alta incertidumbre internacional.
En un escenario donde los conflictos regionales pueden alterar rutas marítimas clave y modificar el equilibrio de los mercados globales, la logística y la gestión de las cadenas de abastecimiento adquieren un papel cada vez más determinante para sostener la producción de alimentos y el comercio internacional.
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