Uno de los mayores problemas en los que coincidieron los empresarios fue la presión impositiva. Chiavassa lo ejemplificó con el caso de la lechería y señaló que el sector exporta “más o menos un 7% del valor del producto de impuestos internos como ingresos brutos e impuesto al cheque”, sin contar reintegros a la exportación. Según advirtió, si esa situación no se corrige con reintegros, la Argentina termina trasladando impuestos a otros mercados. En la misma línea, Kútulas sostuvo que la producción de huevos enfrenta una cadena impositiva que termina afectando al exportador.
También hubo advertencias sobre las dificultades que enfrenta la Argentina para competir con otros países exportadores. Santangelo puso como ejemplo el caso de Brasil y señaló que el país tiene costos laborales más altos y una mayor carga impositiva, con tributos como el impuesto al cheque e ingresos brutos que terminan encareciendo el movimiento interno de toda la industria. “Comparado contra Brasil tenemos un costo laboral más alto y en la parte impositiva el impuesto al cheque, ingresos brutos. Hay mucho impuesto en el movimiento interno que es un problema de todas las industrias”, sostuvo.
Otro de los puntos que plantearon fue la dificultad para colocar determinados subproductos en el exterior. Culasso explicó que en la cadena porcina gran parte del problema pasa por no poder exportar cortes o productos que en el mercado interno tienen poco consumo. “Hoy solamente el 40% de los cortes que se desarma valen más que el animal en pie. Con ese 40% se tiene que defender el precio y la ganancia. ¿Qué pasa con el resto del 60%? Acá no hay mercado y sí hay mercado en el sudeste asiático”, explicó. Según señaló, abrir esos destinos permitiría mejorar la competitividad general de la actividad. “Si nosotros pudiéramos exportar eso, de cierta forma se ubicaría el resto de los cortes y podemos bajar el precio y competir en el mundo”, agregó.
El acceso a mercados internacionales también ocupó buena parte del intercambio. Tanto Culasso como Santangelo remarcaron la importancia de China para las cadenas animales y señalaron que existen negociaciones demoradas por cuestiones políticas. “Está todo listo para la firma del protocolo [por menudencias], pero es una decisión política”, dijo Culasso. Santangelo coincidió y sostuvo que, tras la influenza aviar, todavía esperan una señal política para avanzar nuevamente con China.
Chiavassa, por su parte, señaló que la lechería necesita diversificar mercados. “Exportamos a 50 países, pero tenemos gran foco en Brasil y Argelia. Necesitamos abrir el juego, no estar tan vulnerables a solo dos mercados”, indicó.
En avicultura, Santangelo planteó que el otro desafío que tienen a largo plazo es la renovación de granjas y el acceso al financiamiento para pequeños y medianos productores. “Las granjas son el gran desafío que tenemos. La financiación para modernizarlas y ampliarlas no es fácil, sobre todo para productores más chicos o de mayor edad, a quienes muchas veces les cuesta acceder al crédito. Es el gran desafío para el futuro”, afirmó.
En la misma línea resaltaron la necesidad de contar con más herramientas financieras para manejar la volatilidad del precio del maíz. Kútulas consideró que una ley de warrant más accesible podría ayudar especialmente a empresas chicas. “Con una ley de warrant bien hecha y con un warrant bien gestionado, la verdad que sería fundamental para la empresa avícola pequeña sobre todo”, señaló. Según explicó, hoy ese instrumento existe, pero “es carísimo, no sale conveniente hacerlo”.
La Nación – Pilar Vazquez


