
Por otra parte, el clorpirifós y el diclorvós (DDVP) están prohibidos en la Argentina hace ya varios años, pero ambos principios activos se siguen detectando en el país y eso pone en riesgo las exportaciones de maíz. “Es un problema que enfrentamos en la mayoría de los mercados y por eso es una cuestión muy importante que tenemos que atender”, explicó Rebizo.
En lo que respecta al sorgo, cuyo destino principal es China, Rebizo dijo que la clave reside en evitar la presencia de malezas no permitidas en el protocolo firmado con la nación asiática. “Desde mayo del año pasado hasta abril de este año, China envió seis notificaciones al Senasa, señalando que detectó malezas cuarentenarias en embarques de soja, sorgo y cebada”, comentó.
En el caso del sorgo, las indicaciones comprendieron un total de doce malezas, las principales de las cuales corresponden a sorgo de Alepo y Amaranthus (“yuyo colorado”).
“Hay que concentrar los esfuerzos: se está trabajando en un grupo técnico integrado por la Secretaría de Agricultura, Senasa, Conicet, INTA y miembros de toda la cadena para trabajar en buenas prácticas que eviten la presencia de malezas no permitida”, resaltó Rebizo.
“Si queremos seguir aumentando nuestra producción, no nos podemos olvidar de cuáles son las exigencias de los países de destino, más allá de que no nos gusten, que nos parezcan exageradas y que sean barreras no arancelarias, que lo pueden ser; pero si queremos vender, tenemos que adecuarnos”, resumió.
Valor Soja


