En 2025, el complejo de economías regionales aparece diversificado, con rubros relevantes como maní, uva, limón, azúcar, peras y manzanas, papa, tabaco, porotos y olivos. Sin embargo, la evolución entre 2011 y 2025 muestra trayectorias muy distintas: algunas cadenas logran sostenerse o crecer, mientras otras retroceden con fuerza. Por eso, no existe una única economía regional: cada cadena combina de manera distinta precios externos, costos laborales, productividad física, logística, sanidad, escala y acceso a mercados.
El tipo de cambio
Una hipótesis adicional del investigador es que esta pérdida relativa no responde sólo al tipo de cambio. “En varias economías regionales, sostener el dinamismo exportador exige una reconversión productiva casi permanente: nuevas variedades, mejoras de calidad, cambios en presentación, certificaciones, tecnología de riego, frío, empaque y adaptación a demandas cambiantes del mercado mundial”, señaló.
Y explicó que una forma de profundizar el análisis sería superponer estas exportaciones con la evolución del tipo de cambio real. Si el retroceso comenzó aun en períodos de tipo de cambio más depreciado, la explicación también debería buscarse en factores de inversión, crédito, estabilidad macroeconómica e incentivos de largo plazo. "La salida de la convertibilidad pudo haber mejorado inicialmente la rentabilidad cambiaria, pero también dejó un entorno más incierto, con menor crédito y menor previsibilidad para sostener procesos continuos de modernización”, aseguró.
La cuestión, entonces, no es sólo si las economías regionales pueden exportar con dólar más bajo, sino bajo qué modelo pueden hacerlo. Si venden productos poco diferenciados, con baja escala y altos costos, la competitividad será frágil. Si combinan productividad, calidad, logística, marca, inversión e integración comercial, el margen puede reconstruirse.
Las restricciones
Las principales restricciones son conocidas. La logística pesa más porque muchas producciones están lejos de los puertos, requieren frío o cuidados especiales y pagan más transporte. La escala limita la capacidad de negociación, encarece insumos y dificulta certificaciones. La intensidad laboral comprime márgenes cuando los costos en dólares suben y los precios externos no acompañan. Y la debilidad comercial y de inversión impide sostener marcas, reputación, diferenciación y reconversión continua.
“La agenda de competitividad debe construirse cadena por cadena. Incluye mejorar productividad, diferenciar producto, ganar escala comercial, invertir de manera continua y reducir costos logísticos. Esto supone riego eficiente, renovación varietal, mecanización parcial, menores pérdidas, mejor empaque, certificaciones, trazabilidad, apertura de mercados y acuerdos de integración comercial”, indicó.
Estrategia y reconversión
Las economías regionales enfrentan un escenario más exigente. Con dólar más bajo, costos internos en dólares más altos y precios externos débiles, queda menos margen para compensar ineficiencias. Pero el problema no es sólo cambiario: también es productivo, comercial, financiero e institucional.
Para Day, la síntesis es simple: el agro pampeano compite por escala; las economías regionales deben competir por estrategia y reconversión continua. “Exportar desde el interior seguirá siendo posible, pero será cada vez menos automático”, explicó.
La Capital


