El dirigente también destacó que están ultimando los detalles para llevar adelante la movida. “Lo que queremos mostrar es que esto no es un tema de ponerle un techo al precio del trigo ni nada por el estilo. Es una situación que debería ser natural y normal. Lamentablemente, en el trigo no es normal y no se la ve con esos ojos, pero nosotros queremos tomarlo así y queremos que también lo tomen de esa manera los productores y todos los que participamos de esta cadena. Pasa en el negocio de la soja, pasa en el negocio de la carne: si hay un mejor precio para importar determinado producto, bienvenido sea. Libre mercado absoluto”.
El trimestre enero-marzo acumuló un crecimiento del 1% respecto del mismo período de 2025 en la molienda de trigo. “Ese 1% está compuesto por una mejora muy marcada en las exportaciones a Bolivia, fundamentalmente porque durante el primer trimestre del año pasado Bolivia estuvo prácticamente cerrada debido a la complejidad política que atravesaba. Al volver a la normalidad se marca esa diferencia. En tanto, el mercado interno registra una merma del 1,5%. Son valores normales para la molinería y son asimilables”, advirtió.
El trigo que hoy eventualmente se puede importar, dijo, es aquel que en la Argentina no están teniendo por la falta de oferta por parte de la producción. “Es trigo con más de 28 de gluten. Acá no estamos recibiendo ofertas y la única oferta disponible ya se está pagando a valores de paridad con un producto importado, o incluso por encima de esa paridad. Por eso, si hay molinos que quieran importar lo van a hacer y, si no, otros seguirán comprando en el mercado interno. La molinería todavía tiene para originar más de 3 millones de toneladas de lo que resta de la campaña", amplió.
Cifarelli consideró además un “hito” que el presidente de la Federación de Acopiadores, Fernando Rivara, hubiera mencionado la exportación de harina en su discurso inaugural. En ese marco, remarcó que la industria molinera argentina tiene capacidad instalada para moler 13 millones de toneladas, aunque actualmente procesa entre 6,5 y 7 millones.
“No es falta de capacidad técnica o empresarial, sino de condiciones de competitividad”, afirmó en el escenario, y puso como ejemplo el costo logístico frente a Brasil. También planteó que es “estratégico” para el productor que exista una molinería fuerte para evitar la monopolización de la compra por parte de los exportadores.
El dirigente también hizo foco en la informalidad en la cadena. Según un estudio encargado a una universidad, la evasión en la cadena de trigo, pan y farináceos alcanza los 550.000 millones de pesos por año, equivalentes a unos 400 millones de dólares. Precisó que esa cifra contempla evasión de IVA, impuestos al débito y crédito, ingresos brutos y tasas municipales, aunque aclaró que no incluye el impuesto a las ganancias. “La informalidad va en detrimento de la formalización de las empresas y de la generación de empleo genuino”, afirmó.
En ese sentido, explicó que no se trata de un problema exclusivo de los molinos, sino de toda la cadena. “Para que un molino venda harina en negro, antes tuvo que haber comprado trigo en negro y después un panadero debe comprar esa harina para vender pan bajo la misma modalidad”, describió.
Además, indicó que están trabajando junto con la Secretaría de Agricultura, ARCA y la Dirección de Control Agropecuario, aunque remarcó que “se requiere conciencia de toda la cadena”. Según planteó, el desafío pasa por “producir más y mejor”, alcanzando “los estándares de igualdad que exige el mundo”.
La Nación – Belkis Martínez


