Wade, controlada por el exgigante avícola Granja Tres Arroyos, no es la única unidad con problemas. Según los registros más actuales del BCRA, la empresa madre cuenta con una deuda en cheques que asciende a 29,3 mil millones de pesos, producto de 1813 cheques rechazados.

La paralización de la planta de Wade aparece como quizá el último capítulo de una crisis que en realidad viene arrastrándose desde hace más de dos años dentro de Granja Tres Arroyos, el mayor grupo avícola del país. Lo que comenzó como un ajuste después del golpe que significó la gripe aviar y el cierre temporal de mercados externos terminó derivando en una combinación de caída de producción, pérdida de productores integrados, conflictos laborales y crecientes problemas financieros.

En el medio quedaron atrapadas las plantas que el grupo había incorporado tras la quiebra de Cresta Roja. Entre ellas, la de Wade, en Esteban Echeverría, que desde hace meses venía funcionando con una actividad cada vez más reducida y bajo rumores permanentes de cierre. Ya a comienzos de año se hablaba de la intención empresaria de concentrar operaciones y desprenderse de instalaciones consideradas menos eficientes o con mayores costos laborales. Esa posibilidad finalmente se confirmó cuando la compañía avanzó con el cierre de una de las dos plantas de la ex Cresta Roja.
El deterioro operativo también impactó de lleno sobre la red de productores integrados que abastecía a la empresa. Distintas fuentes del sector señalaron que decenas de granjas dejaron de trabajar con Granja Tres Arroyos por atrasos en los pagos y por la reducción del ritmo de producción. La faena, que en otros momentos rondaba los 700 mil pollos diarios, habría caído a menos de un tercio de ese volumen.
En paralelo crecieron los conflictos laborales. Hubo protestas por salarios abonados en cuotas, suspensiones y reducción de jornadas en distintas plantas del grupo, especialmente en Buenos Aires y Entre Ríos. Incluso en Concepción del Uruguay se produjo este año el paro más importante desde 2001, con más de diez días de paralización total hasta que intervino el gobierno entrerriano para intentar destrabar el conflicto.
Ese cuadro terminó alimentando la incertidumbre sobre el futuro del holding avícola más importante del país. En el sector comenzaron a multiplicarse las dudas sobre la capacidad de la empresa para sostener la estructura industrial que había construido durante décadas, mientras proveedores, trabajadores y productores seguían de cerca cada movimiento de la compañía.
Por estas horas, las puertas de Wade están cerradas para el ingreso y salida de los camiones para faena. Resta esperar la resolución de este conflicto, que mantiene a los trabajadores en vilo respecto a su futuro.
Bichos de Campo – Diego Mañas


