El empresario contó que hoy la firma le da trabajo a una centena de familias en esa región. Treinta y cinco años después de aquella experiencia familiar se transformó en una empresa integral que produce miel, fabrica colmenas, tiene montes y aserraderos propios para generar la madera, procesa el producto en su planta exportadora y hasta cuenta con logística propia para mover los contenedores al puerto.
“Tratamos de cerrar todo el ciclo”, resumió Vairolatti. La empresa realiza trashumancia apícola —movimiento de colmenas por distintas regiones del país según las floraciones— y emplea de manera directa e indirecta a unas 100 familias durante todo el año. “Eso también es un orgullo, porque somos una pyme consolidada”, narró.
La clave del crecimiento estuvo en entender una particularidad de la miel de la región. La cuenca del río Uruguay produce una miel con niveles de humedad superiores a los habituales. Eso complicaba su comercialización internacional. La solución fue invertir en homogenización, un proceso que permite estabilizar parámetros como humedad, color o HMF para garantizar que cada contenedor salga con características uniformes. “Todo lo que exporta Apícola Danangie es miel homogeneizada al exterior. Era la única forma de colocarla en el mundo; entonces decidimos exportarla nosotros mismos”, describió. La apuesta de inversión de los emprendedores funcionó y hoy son proveedores de importantes firmas.
Vairolatti recordó que la Argentina se consolidó entre los principales exportadores globales de miel y la firma entrerriana quedó posicionada dentro del lote de empresas más importantes del sector. El país produce actualmente unas 90.000 toneladas anuales y exporta la mayor parte porque el consumo interno es bajo. Hace ocho años producía 60.000 toneladas. Del total de la producción nacional se envían entre 45 y 50.000 toneladas a Estados Unidos, que demanda miel clara. “Ese crecimiento productivo se dio por el aumento de productores y de colmenas. La Argentina tiene un estatus afuera muy bueno en calidad, cantidad y volumen”, agregó.
Europa es el principal destino para ese producto. En rigor, Alemania lidera la demanda y luego aparecen otros mercados como Reino Unido. “El consumo per cápita alemán es enorme, creo que unos cinco kilos por año”, subrayó. Allí, la miel argentina logró construir reputación incluso con una desventaja arancelaria considerable.
“Europa nos seguía comprando aun pagando el 17,3% porque la calidad argentina es muy buena. O sea, pagando más caro. Ahora, sin ese arancel, seguramente los próximos negocios van a ser más competitivos”, señaló. La miel oscura la pagan menos en Estados Unidos que en Europa, es por eso que este producto termina yendo al mercado europeo, donde sí tiene alta aceptación.
El principal competidor en Europa es Ucrania, que produce unas 70.000 toneladas de miel y hace diez años prácticamente no exportaba a Europa. Según ellos, dijo, antes vendían todo a Rusia. “La calidad que tienen es diferente. Ellos tienen un arancel casi cero para entrar a la Comunidad Europea, versus nosotros que teníamos el 17,3%", destacó.
El arancel había que negociarlo país por país o bloque por bloque para tratar de reducirlo. “Nosotros nunca tuvimos la voluntad política para hacerlo. Ahí el Mercosur también nos complicó mucho. Ucrania, por ejemplo, sí negoció en su momento y eso le dio ventaja para crecer. Ellos tienen mucha miel de girasol, más barata, más de corte. Nosotros competíamos pagando un arancel enorme y aun así nos elegían”, resaltó.
Por eso, la eliminación del gravamen abre una expectativa concreta de mejora competitiva para el sector. El empresario aclaró que el arancel lo pagaba el importador europeo y no impactaba directamente sobre el valor de exportación, hoy cercano a los 2700 dólares por tonelada. Pero considera que el nuevo escenario puede traducirse en mejores negocios y precios más firmes. “El arancel representaba muchísimo respecto de ese valor. El próximo paso es ser más competitivos en las ventas”, precisó.
La relación comercial construida por la empresa entrerriana explica parte de esa confianza. Según dijo, Danangie eligió trabajar con pocos clientes y crecer en volumen con ellos, priorizando vínculos de largo plazo. “Europa es mucho más exigente que Estados Unidos. Por eso el 60% de la miel argentina termina yendo allá, por los estándares. Lo más complicado son las trazas químicas. Hoy buscan muchísimo glifosato. Estados Unidos, por ejemplo, no lo controla igual que Europa”, contó.
No obstante, el vínculo que se va gestando con el paso de los años va más allá del comercial. “Es una relación como la de un kiosquero de barrio, pero llevada a un cliente de Suiza que después le vende nuestra miel a Toblerone. Para nosotros eso es un orgullo enorme”, sintetizó.
La Nación – Belkis Martínez


