“El consumo aparentemente no bajaría y todo indica que Estados Unidos podría tener recortes productivos. Por el lado de Australia, ya se estima una caída del 20%”, explicó el analista de mercados Sebastián Salvaro, que considera a esos factores clave para “mirar al trigo con una sonrisa más grande de lo que parece”.
La cuestión es que, aunque ha mostrado una tendencia alcista durante los últimos días, el precio internacional aún se mantiene unos 30 dólares por debajo del promedio. Y eso cobra aún más relevancia en el cuadro actual, donde los márgenes son finos y la preocupación está en los costos.
Al respecto también disertaron los ingenieros agrónomos y asesores Guillermo Divito, Santiago Levantini y Diego Perez, quienes evaluaron cómo llevar este cálculo económico a las decisiones productivas del lote. Y es ahí, precisamente, donde comienza el “rally”.
Los especialistas advirtieron por el aumento de costos de control de malezas, uno de los más relevantes -junto con la fertilización- en la tabla que hoy se ubica entre un 28 y un 30% por encima de campañas pasadas. Es decir, hoy un productor deberá enfrentar compromisos hasta un tercio más elevados, con precios aún no muy tentadores.
Por poner un ejemplo, Divito explicó que, entre el control de crucíferas y raigrás, hoy se promedia unos 50 dólares de sobrecosto por hectárea, una cifra significativa para un esquema que de por sí exige afinar el lápiz.
De esa preocupación también hizo eco Levantini, que señaló que en norte bonaerense “la estrategia química es cada vez más limitada” y advirtió que eso enciende “alertas amarillas para un cultivo tan central en términos de sustentabilidad productiva, económica y social”.
Durante su exposición, el analista Sebastián Salvaro volvió sobre esa cuestión y se refirió al efecto que tiene la baja del tipo de cambio sobre el sector agrícola. “Eso provoca que la inflación sea en dólares. Hoy hay que vender más trigo que el año pasado para pagar el flete, los insumos o la bolsa de semillas”, explicó.
Sin muchas más herramientas que otorguen poder de fuego ante esos factores exógenos, el mensaje que sobrevoló la jornada organizada por Don Mario es que, finalmente, todo va a recaer en decisiones productivas adaptadas a cada región, cada productor, y cada lote.
El ejemplo más claro lo brinda la fertilización nitrogenada, que es central para el cultivo del trigo pero hoy atraviesa una creciente volatilidad por los efectos de la guerra en Medio Oriente. Desde principio de año, el precio de ese insumo creció más del 40% y sumó nuevos interrogantes sobre cuán viable será hacer trigo esta campaña.
“En el caso de la urea, estamos mal peinados para la foto. Hay que ver de qué manera se va a diluir con el aumento de precios de estos días, pero también con las decisiones productivas”, evaluó Salvaro.
Respecto a esas decisiones, Levantini llamó a “concentrarse en la eficiencia” y habló de la posibilidad de aplicar menor cantidad de nitrógeno que lo ideal -unas 120 toneladas contra 180- sin perder rendimiento, proteína y gluten.
Es parte de los ensayos en los que evalúan el impacto positivo de aplicar la urea en el suelo en vez de “volearla”, pero es una estrategia más bien marginal y supeditada a las cuestiones climáticas de cada región.
Los números más finos, que elaboró la consultora Simpleza y Salvaro difundió durante la jornada, estiman un 11% de rentabilidad para el cultivo en los casos de rendimiento base (4500 kilos por hectárea).
“El dato es positivo y muestra que no necesariamente el aumento de costos hace que esto sea inviable”, evaluó el especialista, que considera que aún con caídas del 15% en precios y 5% en rindes los esquemas pueden “seguir a flote”.
No obstante, y a tono con el cierre que hicieron luego los representantes de la semillera Sebastián Ríos y Patricio Munilla, la cuestión vuelve a girar en torno sobre la idea principal: que, sobre todo ahora, el trigo no tiene una receta única y ya no es un negocio súper redondo como otros años.
“Al tener más costos, este es un negocio más riesgoso y que requiere más capital que el año pasado. Las decisiones deben ser más empresariales y de largo plazo”, concluyó Salvaro.
Bichos de Campo – Lucas Torsiglieri


