En ese contexto, Madero sintetizó el momento con una imagen clara: “El extranjero está queriendo entrar a la cancha, está elongando para entrar”. No obstante, advirtió que aún hay variables que inciden en la decisión final y hay que ver en qué consiste el proyecto de modificación de la ley: “Con el perfil de este Gobierno, creemos que se apunta a flexibilizar restricciones, no a liberar todo porque hay cuestiones de sensibilidad”.
Entre los factores que siguen condicionando el ingreso de capital, mencionó aspectos macroeconómicos y regulatorios. “Todavía la Argentina tiene un cepo para personas jurídicas que, si bien parece un tema menor, no lo es tanto. Y después están las presiones impositivas”, sostuvo.
Aun así, remarcó qué es lo que busca el inversor internacional. “El inversor extranjero quiere seguridad jurídica y libertad de disponer de lo suyo. Seguridad jurídica de que lo suyo es suyo y que cuando quiera disponer puede disponer”, señaló.
El directivo también apuntó contra algunos prejuicios históricos en torno a la extranjerización de la tierra y buscó desmitificar algunos temores asociados a estos capitales. “Se demonizó al extranjero de que se quería llevar la tierra, el agua y las tierras productivas. Pero la realidad indica que el grado de extranjerización en las zonas productivas más ricas es menor”, indicó.
Según explicó, el interés externo suele concentrarse en regiones donde la inversión local es más limitada. Destacó que el extranjero es más proclive a invertir en regiones donde al argentino le cuesta más, como la Patagonia, el nordeste o noroeste. En esos casos, se trata de proyectos que requieren desarrollo integral, zonas donde, además de comprar la tierra, es necesario invertir en ponerla en producción, sistematizarla y desarrollarla.
Además, destacó el impacto económico de estas inversiones. “Todos los campos que hoy están en propiedad extranjera están siendo administrados por argentinos, contratan mano de obra argentina, compran insumos y pagan impuestos en la Argentina”, detalló.
Por otra parte, señaló que el contexto internacional también juega a favor del país. Dijo que, en la coyuntura mundial actual, la Argentina es un país seguro, fuera del alcance de graves conflictos, y “eso el extranjero, especialmente el europeo, lo está sintiendo”. Ese factor se suma a otros atractivos como un componente más para mirar a la Argentina como “destino de inversión y refugio de capital”.
En paralelo, en el sector también advierten que la eventual modificación de la ley deberá encontrar un equilibrio. Mariano Maurette, responsable de Campos de Álzaga, Unzué y Cía., sostuvo que no se trata de eliminar completamente la normativa. “Siempre decimos que no hay que derogarla porque una ley de tierras que proteja la soberanía ante situaciones abusivas es positiva, pero sí tiene que ser una ley inteligente”, afirmó.
Para el experto, el punto clave es no desalentar inversiones. “Tiene que ser una ley que no limite las decisiones de los grandes inversores. Con esta ley actual, claramente, los invitamos a que se olviden de eso”, advirtió.
En ese sentido, remarcó el potencial que podría activarse con cambios en la regulación. “Si la ley flexibiliza ciertos aspectos y permite que un extranjero pueda venir, invertir, pagar impuestos, contratar gente y producir, se va a mover el tablero de inversión”, aseguró.
En línea a lo expresado por Madero, también puso el foco en el contexto global. “Estamos en un mundo que está absolutamente en guerra. No hay dudas de que hay decisiones que deben estar apuntando a la Argentina o a la región y nosotros no podemos autoexcluirnos”, señaló.
Finalmente, coincidió en que el debate está atravesado por una fuerte carga ideológica: “Está demostrado que no se van a llevar ni la tierra ni el agua como se decía cuando se implementó la ley”.
Incluso planteó que en algunas regiones el ingreso de capital externo podría ser positivo. “Hay zonas como la meseta patagónica donde no solo no debe prohibirse, sino que estimularlas para que venga alguien a invertir”, concluyó.
La Nación – Mariana Reinke


