El comienzo fue por los insecticidas
En su viaje llevó pastillas para probar y que realizó bastantes cambios en la operatoria, y sostiene, “Hicimos trabajos para reducir el volumen de aplicación y también para aplicar gota fina, pero al no estar entrenados para trabajar con bajo volumen, ellos pueden cometer errores. Por eso en este viaje, hicimos capacitaciones para que cambien la manera de trabajar con los insecticidas y fungicidas dejando los cambios en los herbicidas para un viaje próximo”.
Enzó afirma que prefirió comenzar con los insecticidas para que los tratamientos lleguen efectivamente a la parte baja de las plantas, que donde están los insectos, donde los productos nunca llegaban. “Todo fue corroborado con las tarjetas hidro sensibles. Es este sentido están muy lejos nuestro. En nuestro país, es imperioso hacer las cosas correctamente y no cometer errores porque trabajamos con márgenes muy ajustados”.
Para mayores detalles, explica: “Es bien sabido que la gota grande no es la que penetra, ni por velocidad ni por ningún motivo, y cuando todo se limita a aplicar gotas gruesas para evitar la deriva, es necesario tener en cuenta que el tratamiento puede resultar un fracaso”.
Luego, le dedica algunas palabras a la visión obtenida de su paso por Guatemala: “Estaban distribuyendo entre 2.500 y 3.000 litros de agua/ha, y si bien es evidente que es otro tipo de aplicación, para cultivos como la caña de azúcar o la piña, puedo decir que se llega a situaciones como esta cuando todo se reduce a incentivar el consumo de coadyuvante (debido a intereses ajenos al cultivo), el cual se aplica en una proporción al volumen de agua. Así se pueden gastar 10 U$S/ha en el referido insumo, que es más dinero que el costo de la aplicación misma”.
En seguida, plantea: “En agosto regresaré para seguir trabajando con el mismo productor, que produce entre Guatemala y Costa Rica 25.000 ha de caña de azúcar y piña".
El equipo y la operación
Enzo trabaja con 7 pulverizadoras grandes autopropulsadas propias, y cuando es necesario agrega una de su hermano y otra más que de un operador independiente. “Con mis máquinas en una campaña normal, que no llega al año calendario, hago 250.000 ha y con la ayuda de las dos máquinas externas andaremos en las 300.000 ha. Manejo toda la operación con 14 empleados”, explicó.
Las máquinas son con barrales de 40 y 44 metros de fibra de carbono con corte por pico y cambio de pastillas sobre la marcha. Además, trabaja mucho con el sistema que muestra cada máquina en vivo en el teléfono, donde se puede ver en tiempo real–con una denominación de usuario y clave-- el tablero de control de la máquina, donde se leen, por ejemplo, la velocidad de trabajo, el caudal que se usa, el producto que se aplica, el contenido de gasoil en el tanque entre otras cosas.
Otro que integra el equipo es uno de aplicaciones selectivas, con el que genera un ahorro en producto del 85 al 95 %, es decir una suma importante de dinero, ni hablar si se trata de un productor trabaja grandes superficies. Este equipo como también las grandes pulverizadoras de última generación, nuestro entrevistado destaca que las pudo importar en diciembre del 2022, momento en el que se liberaron los mercados.
“Siempre se pelea la tarifa, y uno puede tener la última tecnología y aún así competir con equipos que trabajan por 5 U$S/h. En un campo de La Pampa me ocurrió que al decir que mi valor era 7 u$s/ha, me respondieron que era muy caro y que ellos conseguían hacer el mismo trabajo por 6 U$S/ha y no hicimos el negocio. Pero trascurrido un tiempo volvieron para tomar mis servicios”.
Anécdotas desde la rutina
“La semana pasada hicimos 4.700 ha en 1 día y medio, con 6 máquinas, a razón de 700 ha /máquina en una jornada, y tal capacidad de trabajo se explica, no solo porque son equipos grandes, sino también por la logística ajustada que aplico, en la que cada pulverizadora tiene su módulo de apoyo para el aprovisionamiento de agua limpia y demás recursos.
Otro aspecto que destaca nuestro entrevistado es que no tiene problemas de conectividad, ya que en la estancia donde trabaja colocaron una antena privada de Internet. “Además tengo el sistema de comunicación satelital que más allá de no ofrecer problema alguno en el trabajo, ahorra tiempo y dinero en una forma más que importante. Con las video llamadas resolvemos cuestiones que antes nos costaban días de espera o kilómetros de camioneta poder resolverlos”.
Al hacer más comparaciones con los europeos, Enzo señala que ellos no tienen la soja transgénica, pero literalmente, siembran hasta al lado de las casas. Además, sostiene, “el 99 % de los productores tienen su máquina, en tanto que acá puede que llegue al 10% los que tienen su equipo. Y si le pregunto a un productor porque no se compra su máquina, la respuesta será donde encuentro a la gente para su operación”.
En nuestro país un cuello de botella importante y que no se puede superar es la falta de gente el cual es un problema realmente grave y que llevará mucho tiempo poder resolverlo. “En mi caso específico es una realidad, ya que podría comprar dos máquinas más, pero la falta de gente me impide hacerlo, incluso puedo llegar a parar alguna máquina debido que alguien se independice y la real dificultad se presenta al intentar conseguir el remplazo necesario”, cierra Enzo Lambertucci.
Clarín – Juan B. Raggio


