Frente a ese escenario, el productor ajusta como puede. “Normalmente se va acopiando de alimentos, sea grano, balanceado o pasto. Pero como tampoco sobran los ingresos como para poder invertir en alimentos, la herramienta más común es sacar las categorías menos productivas”, señala. La lógica es defensiva: “Bajan la carga animal y con esa plata compran forraje para quedarse con los animales más productivos”.
La ecuación económica tampoco ayuda. “No le sobran los ingresos y la lana depende del mercado internacional. Si bien este año tuvimos valores de entre 4 y 5 dólares por kilo de lana sucia, bajó mucho la producción”, advierte. A eso se suma el otro ingreso clave: “La producción de cordero. Al tener menos precipitaciones, tenemos menos cosecha de cordero, por ende menos ingresos”.
En paralelo, aparece un problema de fondo que condiciona cualquier estrategia y es el recambio generacional. “Tenemos población envejecida, productores mayores y en los jóvenes no es atractivo el campo a nivel de números, a nivel de negocio. Entonces es difícil que se sumen”, admite. La falta de infraestructura y de condiciones de vida modernas profundiza ese desinterés.
Para Escobar, revertir la tendencia exige mejorar la productividad más que expandir el rodeo. “Creemos que el negocio puede mejorar si logramos que una oveja facture más. Para eso necesitamos que haya corderos, mejorar los índices productivos”. Y plantea un cambio de manejo: “Hay que intensificar, empezar a sumar los alimentos como una herramienta anual, no momentánea”.
Otra pieza de la estrategia pasa por el consumo. “Hoy el escenario es que la carne bovina está en crecimiento con muy buenos valores, y sin embargo la carne ovina se queda estancada”, grafica. Allí ve una oportunidad: “Es interesante promocionar la carne ovina”.
En esa línea, la provincia probó una experiencia piloto con resultados concretos. “Este año hicimos algo innovador, proveer carne ovina a los comedores escolares. El productor logró casi un 63% más de su ingreso aportando a ese sector”, cuenta. El esquema incluyó faena, trozado y envasado: “Logramos que un matadero con tránsito federal habilitara el ciclo y se pudo hacer”.
La idea ahora es escalar esa lógica. “Tenemos que hacerlo en forma conjunta entre el Estado y el privado, no solo en escuelas sino también en hotelería y restaurantes”, plantea. Sin embargo, descarta que la solución pase por más infraestructura industrial: “Hoy no es necesario construir más frigoríficos. Hay capacidad industrial y muchos están ociosos para la parte ovina”.
En ese contexto de retracción ovina, la ganadería bovina empieza a ganar terreno en distintas zonas de Río Negro, no tanto por una política explícita de reconversión sino por una dinámica económica que empuja en ese sentido. El propio Escobar lo reconoce al describir el escenario de consumo: “Hoy la carne bovina está en crecimiento, con muy buenos valores”, señala, marcando un contraste directo con la menor tracción que tiene la carne ovina en el mercado interno.
Ese diferencial de precios y de demanda termina influyendo en las decisiones productivas. Donde las condiciones lo permiten, algunos establecimientos comienzan a ajustar sus planteos y a incorporar más hacienda vacuna, en busca de un flujo de ingresos más estable.
Según narra Escobar, frente a un negocio ovino más expuesto a la variabilidad climática, a los problemas de predación y a la dependencia del mercado lanero, la ganadería bovina aparece como una alternativa con mejores señales de precio. “El consumidor prefiere pagar el doble y llevarse carne bovina y no ovina”, plantea el funcionario, sintetizando una tendencia que impacta de lleno en toda la cadena.
De todos modos, la transición no está exenta de limitaciones. Las condiciones ambientales de la Patagonia siguen siendo restrictivas para la expansión masiva del rodeo bovino, y muchos campos no están diseñados para sostener cargas elevadas de vacunos sin inversiones adicionales. Por eso, más que un corrimiento total, lo que se observa es una diversificación de estrategias, donde la vaca gana protagonismo relativo en un esquema productivo que está en plena transición.
Bichos de Campo – Diego Mañas


