“El principal objetivo de la política nacional hoy es reducir el uso de harina de soja”, explicó la analista Fu Zhenzhen. Según sostuvo, la guerra comercial con Estados Unidos es el motivo más directo detrás de esta decisión, y la fermentación aparece como una herramienta central para alcanzarlo.
Reducir la soja no es un objetivo fácil
China, principal comprador global de soja, importó en 2024 unos 52.700 millones de dólares de esta oleaginosa, de los cuales 12.000 millones provinieron de Estados Unidos. Ese mismo año, los envíos totales crecieron un 6,5%, alcanzando un récord de 111,8 millones de toneladas. En paralelo, los piensos fermentados ya representan el 8% del total industrial —frente al 3% en 2022— y podrían trepar al 15% hacia 2030, lo que permitiría reducir las importaciones en más de un 6%.
El desafío no es menor. Si bien las grandes explotaciones porcinas concentran una porción significativa de la producción —clave en un país donde la carne de cerdo es un alimento básico—, la transición hacia estos nuevos sistemas exige inversiones importantes y ajustes técnicos complejos. Muchos productores enfrentaron problemas iniciales, como la aparición de moho en los alimentos, lo que derivó en pérdidas y, en algunos casos, el abandono del sistema.
Para evitar ese escenario, el gobierno chino despliega incentivos a lo largo de toda la cadena productiva. Grandes compañías del sector ya lograron reducir el uso de harina de soja mediante el uso de aminoácidos sintéticos o nuevas fuentes proteicas fermentadas. Incluso empresas extranjeras comenzaron a invertir en el desarrollo de estas tecnologías, en un mercado que crece a ritmo acelerado y ya se acerca en volumen al europeo.
Sin embargo, persisten interrogantes. Especialistas advierten que la falta de estandarización en los procesos puede afectar el crecimiento de los animales y su resistencia a enfermedades. A eso se suma una preocupación clave: la calidad final de la carne. Mientras el gobierno prioriza la reducción de costos, algunos expertos sostienen que el desafío será equilibrar esa meta con la salud animal y las expectativas de los consumidores en términos de sabor y calidad.
Ámbito Financiero - Reuters


