Implantación: una etapa crítica
Uno de los momentos más sensibles en el desarrollo de las pasturas es la implantación. En suelos salinos o degradados, el crecimiento inicial del sistema radicular suele verse comprometido, lo que reduce la capacidad de las plantas para absorber agua y nutrientes.
Ensayos realizados en el centro de la provincia de Buenos Aires demostraron que la incorporación de biosoluciones de suelo, combinadas con fertilización fosfatada, permitió mejorar significativamente el desarrollo radicular. En estos casos, los incrementos de productividad oscilaron entre el 35% y el 90%, especialmente en ambientes degradados.
Dentro de este enfoque se destacan herramientas como HUMIPLEX®, un bioestimulante basado en ácidos húmicos que se aplica al momento de la siembra. Su objetivo es estimular la actividad biológica del suelo, favorecer una implantación más homogénea y fortalecer el desarrollo inicial del cultivo.
Estrés y recuperación: sostener la producción
A lo largo de su ciclo, las pasturas enfrentan diversos episodios de estrés, como sequías, golpes de calor o fitotoxicidad, que pueden afectar el crecimiento y reducir la producción de materia seca.
Para estas situaciones, existen bioestimulantes específicos orientados a la recuperación fisiológica de las plantas. Entre ellos se encuentran soluciones como BIOTRON® PLUS y OPTIMAT®, diseñadas para ayudar a los cultivos a sostener su actividad metabólica y superar condiciones adversas.
Los especialistas destacan que el uso de estas herramientas permite amortiguar los impactos negativos del ambiente y mantener la productividad del sistema, incluso en contextos desafiantes.
Potenciar el crecimiento en condiciones favorables
Cuando el cultivo se encuentra en buen estado y las condiciones ambientales acompañan, el foco pasa a ser maximizar el crecimiento y la producción. En este escenario, los bioestimulantes orientados al desarrollo pueden incrementar la tasa de crecimiento y la generación de biomasa.
Productos como BIOZYME® TF, aplicables de manera foliar o como tratamiento de semillas, actúan estimulando procesos fisiológicos clave, lo que se traduce en mayores niveles de producción.
Según explicó Daniel Germinara, gerente de la división de Protección Vegetal Natural de UPL Argentina, la clave está en utilizar la herramienta adecuada en el momento correcto. “No todos los bioestimulantes tienen el mismo objetivo. Algunos están orientados a mitigar el estrés y otros a potenciar el crecimiento. Entender esa diferencia es fundamental para lograr resultados”, señaló.
En sistemas ganaderos donde cada kilo de pasto tiene impacto directo en la eficiencia productiva, mejorar la implantación, sostener el crecimiento en momentos críticos y potenciar el desarrollo en condiciones favorables se traduce en mayor producción de materia seca y mejores resultados económicos.
El Litoral, Santa Fe


