“Los aranceles incrementaron el coste efectivo de las importaciones y contribuyeron a una contracción apreciable de los volúmenes de importación de fertilizantes, lo que ejerció una presión al alza sobre los precios internos, especialmente en el segmento de fosfatados”, añade.
En ese sentido, ASA destaca que la Orden Ejecutiva 14257, firmada el 14 de noviembre pasado, eliminó los aranceles a los fosfatos diamónico y monoamónico (DAP y MAP) y al cloruro de potasio (potasa), lo que podría mejorar los costes de estos insumos específicos para la campaña comercial 2026/27.
De todas maneras, sigue vigente en EE.UU.: la aplicación de aranceles compensatorios sobre las importaciones de fertilizantes fosfatados de Marruecos, el mayor exportador mundial de ese nutriente.
“China es el segundo mayor productor de fosfatados, pero ha estado exportando menos producto en los últimos años. La consiguiente reorganización de la cadena de suministro continúa reforzando los elevados costos de los insumos en todo el sector agrícola estadounidense”, destaca el documento.
Durante el período 2000-2013 los precios de los insumos y los precios de los granos generalmente fluctuaron de forma conjunta, mientras que los precios de los cultivos se mantuvieron deprimidos durante el período 2014-2020, al tiempo que los valores de los insumos se mantuvieron estables. Pero a partir de 2021 los valores de los principales agroinsumos comenzaron a subir incluso con reducciones del precio de los commodities agrícolas.
“El sector agrícola se enfrenta a un fenómeno en el que los costos de los insumos siguen el aumento de los precios de los cultivos, pero tienden a mantenerse en niveles elevados incluso después de que estos bajan. Esto ha provocado márgenes negativos para la soja durante los últimos tres años. A medida que la oferta internacional de soja continúa creciendo, controlar los costos será crucial para mantener la competitividad en los mercados extranjeros”, resume ASA.
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