Los números que proyecta FADA son contundentes. Solo en Córdoba y Buenos Aires, la expansión del riego complementario permitiría sumar más de un millón de toneladas adicionales de soja, más de 3 millones de toneladas de maíz y más de 800 mil toneladas de trigo. En total, unos 5 millones de toneladas extra de estos tres cultivos estratégicos.
El impacto no se limita a la producción. De acuerdo con el análisis, podrían generarse más de 27 mil nuevos puestos de trabajo —equivalentes a dos empleos cada 100 hectáreas incorporadas al riego— vinculados a servicios, industria, transporte y comercio exterior. Además, implicaría inversiones por USD 2.328 millones.
En términos macroeconómicos, esas toneladas adicionales representarían USD 1.120 millones más en valor bruto de producción, USD 432 millones en recaudación fiscal y USD 935 millones adicionales por exportaciones. “El riego tiene múltiples beneficios: al aumentar la producción y los rendimientos, se dinamiza toda la cadena. Hay más insumos, más transporte, más servicios, más empleo y más dólares para el país”, destaca Nicolle Pisani Claro, economista jefe de FADA.
Para el productor, la inversión promedio en un sistema con pivote eléctrico ronda los USD 2.000 por hectárea. Sin embargo, los aumentos de rendimiento pueden alcanzar hasta 62% en soja y 85% en maíz en Buenos Aires. En Córdoba, además de mejorar rindes, el acceso al riego puede marcar la diferencia entre poder sembrar trigo o no hacerlo.
Un aspecto clave es la energía. El riego eléctrico consume aproximadamente un tercio de lo que demanda un sistema a gasoil, aunque no siempre existe disponibilidad de red en las zonas rurales. Allí aparecen como alternativa las energías renovables, especialmente los paneles solares, que pueden integrarse a los sistemas de riego para reducir costos y mejorar la sustentabilidad.
El informe “Propuestas para impulsar el riego en la agricultura argentina” también plantea medidas concretas de política pública para acelerar este proceso: amortización acelerada de inversiones, devolución de saldos técnicos de IVA, reducción del IVA sobre la energía eléctrica utilizada en riego —hoy del 27%— y promoción de energías renovables. Estas iniciativas ya forman parte del Régimen de Incentivo a la Mediana Inversión (RIMI), lo que abre una ventana de oportunidad para su implementación.
En un país atravesado por la variabilidad climática y la necesidad estructural de generar divisas, el riego aparece no solo como una herramienta productiva, sino como una estrategia de desarrollo. La clave, sostiene FADA, no es usar más agua, sino usarla mejor: transformar un recurso escaso en motor de empleo, inversión y crecimiento sostenible.
Clarín


