Reconoció que hubo jornadas especialmente duras, como una etapa de 915 kilómetros que demandó 14 horas sobre la moto, aunque la experiencia acumulada le permitió afrontar cada situación con mayor templanza.
Uno de los momentos más desafiantes fue la etapa maratón, junto con el campamento refugio. En esos tramos, los pilotos no cuentan con la asistencia de sus equipos y deben resolver descanso y logística con recursos mínimos.
“Nos dieron una carpa, una bolsa de dormir y tres raciones de comida. Estar en el medio del desierto, compartiendo esa vivencia con otros pilotos, fue realmente enriquecedor”, destacó el productor de Río Cuarto.
El Dakar también se consolidó como un espacio de encuentro multicultural. Según contó Cola, participaron corredores de Asia, Europa, América, África y Oceanía, en un clima de convivencia y camaradería. Además, subrayó la hospitalidad del pueblo saudí, que acompañó activamente el desarrollo de la competencia.
En la clasificación general scratch de motos, Cola finalizó 42° entre 115 participantes. En Rally2, la categoría destinada a pilotos no profesionales, alcanzó el 31° puesto sobre 100 corredores, mientras que en la categoría Veteranos se ubicó segundo entre 25 competidores.
Caídas, pausas y regreso
El camino de Leonardo Cola en el Dakar comenzó a gestarse en 2018 y estuvo marcado por postergaciones, lesiones y regresos. Su primera participación fue en 2020, en la edición inaugural del rally en Arabia Saudita, pero una caída en la décima etapa lo dejó fuera de carrera.
“Siempre el objetivo fue llegar, dar la vuelta y vivir la experiencia completa. Desde 2020 hasta enero de 2026 el proyecto estuvo en pausa, pero con ese objetivo intacto”, explicó convencido el entusiasta.
Durante ese tiempo, mantuvo una intensa actividad deportiva. En 2022 se consagró campeón argentino y latinoamericano de rally raid en la categoría Motos M1, y en 2023 volvió a quedarse con el título nacional. En 2024, una caída en el Rally de Marruecos le provocó la fractura de ambos brazos, lo que lo dejó fuera del Dakar 2025. Tras una larga recuperación, regresó a la competencia en Abu Dabi y nuevamente en Marruecos.
Dentro del ambiente del rally, Cola es conocido como “el Ángel de la guarda”, un apodo ganado por su participación en rescates y asistencias a otros pilotos. “Siempre frené para ayudar, sin dudarlo. Creo que las buenas acciones vuelven”, afirmó.
Entre esos episodios se destacan la asistencia a Joaquín Debeljuh en el Rally Panáfrica 2019 y el remolque a Kevin Benavídes en el Dakar 2020, cuando el motor de su moto colapsó a 44 kilómetros de la meta. Un año después, Benavídez se consagró campeón del Dakar.
El regreso al Dakar en 2026 demandó un año completo de preparación, con entrenamiento físico específico y el acompañamiento de distintos profesionales. “Aunque no soy profesional, siempre intenté hacer las cosas del modo más profesional posible, dentro de mis posibilidades”, señaló.
Cultura CREA y compromiso local
Más allá del deporte, Cola es productor agropecuario y miembro del grupo CREA Carnerillo desde 2005. La empresa familiar trabaja bajo un esquema 100% agrícola sobre campos arrendados, en el suroeste de Córdoba.
“La cultura CREA está muy presente en nuestra vida cotidiana, en el compartir y en abrirse al resto”, remarcó.
El Dakar volvió a ser una plataforma para canalizar una acción solidaria. En 2020, ya había impulsado una iniciativa similar a través del Banco de Alimentos de Río Cuarto, destinada a merenderos y comedores locales. En esta edición, decidió repetir la experiencia.
La colecta estuvo dirigida a tres instituciones de Río Cuarto y la región: Granja Siquem, Parroquia San Roque y Ciudad de los Niños, todas dedicadas al acompañamiento de chicos y jóvenes en situación de vulnerabilidad. La iniciativa contó con el apoyo de productores y empresas del CREA Carnerillo.
Más empresas solidarias
Por su parte, Ana Costa, del establecimiento La Perdiz y también integrante del grupo CREA, explicó que su empresa familiar viene desarrollando acciones de responsabilidad social desde hace años. “Con mi marido, Fernando Lagos, y mi hijo, Facundo, trabajamos desde hace tiempo con distintas instituciones de Río Cuarto”, comentó.
La Granja Siquem, ubicada en Las Higueras, cuenta con más de 30 años de trayectoria y trabaja con chicos y chicas de entre 8 y 18 años, combinando educación formal con producciones avícola, porcina y lechera, además de una cooperativa orientada a la inclusión laboral. La Ciudad de los Niños, en tanto, promueve el cuidado, la educación y el acompañamiento integral bajo un modelo de vida comunitaria.
“Lo recaudado se reparte en partes iguales entre las tres instituciones. Apostamos a generar una conciencia social colectiva, aprovechando un evento popular y de alcance internacional como el Dakar”, concluyó Costa.
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