Como a partir de 2026 EE.UU. implementó restricciones para el ingreso de materias primas importadas destinadas a la elaboración de biodiésel, se prevé que ese fenómeno se profundice, a pesar de que las tarifas del 50% fueron en gran parte removidas a fines del año pasado por parte de Trump.
De todas maneras, el aceite de soja recuperaría posiciones cuando el gobierno implemente el corte con biodiésel al 16% (B16), algo que sucederá en algún momento del presente año.
La contrapartida del proceso implementado en Brasil es una mayor producción de harina de soja, lo que está llevando al país a aumentar de manera progresiva la oferta exportable de ese producto, además de mejorar la competitividad interna de los productores de proteínas animales al contar con harina de soja abundante y con precios reducidos.

La situación en la Argentina es completamente diferente porque el gobierno abandonó la política de promoción de biocombustibles y el uso interno de aceite de soja para elaborar biodiésel es marginal.
Con un derecho de exportación del 22,5% sobre el valor FOB, el gobierno argentino prioriza la exportación del producto con el propósito de promover la recaudación tributaria.
Argentina exporta la mayor parte del aceite de soja a India, donde compite con el aceite de palma del sudeste asiático, lo que implica que debe tener un precio FOB bajo para poder ser competitivo en ese destino.
Por fortuna, como Indonesia –principal productor de aceite de palma– implementó un corte obligatorio de biodiésel con gasoil del 40% y planea incrementarlo al B50, el valor del aceite de palma (insumo base del biocombustible) se mantiene relativamente firme.
Valor Soja


