Lunes, 29 Diciembre 2025 02:28

Cómo pasar al ataque para lograr un cosechón de trigo

Ya en vísperas de un nuevo año mundialista, vale recordar que la mejor defensa es un buen ataque… Eso aplica también en la agricultura, y lo acaban de experimentar en San Luis, donde pasaron de un esquema defensivo habitual en los campos marginales, y pasaron al ataque agronómico. El resultado: un récord provincial de 8.100 kilos promedio en 60 hectáreas bajo riego.

“La clave de este rinde fue el manejo agronómico pensado como un sistema completo”, advierte Martín Ibarra, el responsable técnico del logro, en un campo puntano ubicado entre Cortaderas y el paraje de Santa Martina, de Cinco Marías, liderado por el productor Delfo Buchaillot.

Ibarra pondera que “no hubo una práctica aislada, ni una decisión mágica. Fue un sistema que funcionó de principio a fin, con agua disponible en los momentos críticos, tanto de lluvia como de riego por pivote central, un manejo nutricional acorde a un objetivo alto y cuidando a un cultivo que nunca entró en estrés”.

No tenían experiencia con trigos panaderos, sí con trigos candeales, y habían llegado hasta 5.500 kilos/ha. Era un buen resultado, pero no tanto como el alcanzado en esta campaña.

El salto cualitativo fue salir de los esquemas defensivos, y entre los datos técnicos se destaca la elección de semillas Alerce, una variedad de ciclo corto de GDM, tratada con fungicidas, insecticidas y bioestimulantes, para maximizar el número de espigas. La densidad de semillas fue de alrededor de 200 kilos por hectárea.

Ibarra describe que “acorde a un objetivo de rinde alto, se planteó una fertilización con fósforo arrancador a la siembra, nitrógeno aplicado después de sembrar en dos momentos, uno inmediatamente después de la siembra, con 150 kilos de urea, y después de eso, una lámina de riego. Luego, en macollaje, otros 150 kilos más de urea, también con una posterior lámina de riego inmediatamente después de la fertilización”.

El manejo del fitosanitarios incluyó un “control temprano de malezas, procurando dejar el lote impecable, y la aplicación de fungicidas en momentos clave, como en hoja bandera, para proteger el área foliar”.

“Hacer cultivos bajo riego son costosos -advierte el ingeniero Ibarra- por lo que cuesta el milímetro de riego, la energía es cara, y tener resultados rentables hacen que los planteos sean pensados para altos rendimientos”.

Lluvia y riego, combinados

A todo este esquema de alta producción, lo acompañaron las lluvias previas, en una magnitud como hacía mucho que no se veía en la zona semiárida puntana. Eso permitió iniciar el cultivo con el perfil hídrico completo, a dos metros del cultivo, producto de las lluvias de otoño, que fueron abundantes, luego de haber transcurrido una de las campañas más secas de la historia de la provincia. Esa buena carga del perfil edáfico, más las lluvias que acompañaron en el invierno, fueron la base de humedad para largar la carrera por altos rindes.

La siembra se realizó el 9 de julio, y a los dos días después de sembrar llovieron 12 milímetros, lo que favoreció mucho la implantación de cultivo. En agosto recibieron otros 40 milímetros, en septiembre otro tanto, en octubre sumaron 25 milímetros, más las lluvias de noviembre, que estuvieron dentro del promedio, todo lo cual completaron alrededor de 100 milímetros en toda la etapa del llenado. A eso le adicionaron 300 milímetros de riego en los diferentes momentos del cultivo… macollaje, encañazón… lo cual hizo transitar todo el ciclo del cultivo sin pasar estrés hídrico.

En floración y llenado de granos aumentaron las láminas de riego, pasando de 10 a 20 milímetros. “El cultivo tuvo varios aportes que aseguraron la humedad efectiva en el perfil cuando más lo demandaba”, subraya Ibarra, a cargo del diseño y la ejecución técnica del sistema, realizados desde Filocampo, su sello profesional. En tanto, Renovales Group estuvo a cargo de los servicios, en tiempo y forma, de siembra, fertilización, pulverización y riego, bajo la coordinación operativa de Marcos Gassman.

Ibarra destaca que, en esa zona, como en otras, una mirada real es que “regar es costoso”. Dice que “por eso cuando se prende el equipo de riego, el cultivo tiene que buscar la máxima transformación de cada gota de agua que cae en grano, sin que se haya interrumpido el cultivo por estrés hídrico".

El ingeniero Ibarra se referencia sobre ecofisiología de los cultivos con Jorge Mercado, un especialista en la materia, con quien realiza “un análisis muy minucioso, porque además de las lluvias hay que tener en cuenta las temperaturas”. En ese sentido, pone en consideración que “al ver los mapas de rendimiento y cómo se comportó el clima exactamente, se percibe que hubo temperaturas frescas o promedios frescas en la etapa del llenado que favorecieron ese llenado”.

Un detalle adicional que es parte constitutiva del resultado final es la actividad biológica en el suelo. Ibarra puntualiza que “el lote venía de un cultivo de maíz con destino a producción de semilla y además de contar con el perfil cargado a la siembra, también se encontraba con excelente actividad biológica, se observaban lombrices en el suelo”. Y está convencido de que “eso explica también que el rendimiento no pasa solo en la espiga, sino también en un suelo sano de buena actividad biológica, sin limitantes, para que las raíces tomen bien, absorban bien el agua y los nutrientes, para que luego sean transformados en estos rendimientos”.

Está claro, haya que ir al frente, pero lo de abajo también cuenta. No es una cosa o la otra. Todo coordinado, funciona mejor.

Clarín – Mauricio Bártoli