Ese cambio viene acompañado por una fuerte incorporación tecnológica. “Un proceso de automatización de la lechería muy grande”, describió, que incluye desde robots de ordeñe hasta sistemas tradicionales con mejoras sustanciales en bienestar animal. “Techo, sombra, camas donde echarse, disponibilidad de agua en cantidad y calidad, condiciones para soportar el estrés térmico de 40 grados”, enumeró, junto con la adopción de tecnología de procesos y manejo.
La nueva lechería también tiene impacto aguas abajo. Para Giraudo, la concentración productiva permitirá mejorar la eficiencia logística: “Ese fenómeno va a hacer que se diluya un costo que para Argentina es muy significativo”. Recordó que hoy el costo de recolección representa “el 6 o 7% del precio de la leche”, por lo que reducirlo “va a ser muy importante porque apunta en beneficio industrial y por ende para el sector primario”.
En cuanto al frente externo, el analista sostuvo que el mercado internacional podría empezar a mejorar durante 2026. “Este exceso de producción que hubo a nivel mundial, en algún momento se termina, posiblemente en el primer trimestre 2026, y ya en el segundo trimestre empiecen los precios a rebotar”, proyectó.
No obstante, advirtió que será clave hacer correcciones internas para que esos precios resulten atractivos, especialmente en materia de impuestos y costos que hoy no se devuelven a la cadena.
El consumo interno también aparece como una variable decisiva para consolidar el crecimiento. “La industria necesita de un consumidor que tenga plata”, señaló Giraudo, y explicó que la recuperación no pasa solo por vender más volumen, sino por mejorar el mix. “Que la gente pueda comprar el yogur en pote, el queso duro, productos de mayor valor agregado que le den un mayor ingreso al sector industrial y eso derrame en toda la cadena”
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti


