“Esto mejora notablemente la disponibilidad del nutriente y su aprovechamiento por parte de la planta”, detalló González. Según la especialista, esa mayor eficiencia explica por qué se logran buenos rendimientos aun con menores dosis, reduciendo pérdidas por volatilización o lixiviación, dos de los grandes problemas de la fertilización nitrogenada tradicional.
Desde el punto de vista productivo, la innovación aparece como una herramienta clave para sostener o aumentar los rindes sin incrementar el uso de insumos, algo especialmente relevante en un contexto de costos ajustados y creciente presión ambiental.
Resultados concretos en campo
Los ensayos preliminares se realizaron en parcelas experimentales de media hectárea, en articulación con el equipo del INTA Concepción del Uruguay. Allí, los nanofertilizantes nitrogenados mostraron un comportamiento consistente tanto en trigo como en maíz.
“En las evaluaciones que hicimos pudimos reducir un 35% la dosis de nitrógeno y mantener los rendimientos, lo cual va en línea con la necesidad de producir de manera más eficiente”, señaló Gonzalo Berhongaray, investigador de la UNL-Conicet e integrante del equipo que desarrolló el nanofertilizante bajo estudio.
Además de la reducción de dosis, en los tratamientos comparados a igual nivel de nitrógeno aplicado, los nanofertilizantes lograron incrementos promedio del 10% en la productividad, un dato que refuerza su potencial agronómico.
Un abanico amplio de cultivos
Si bien la primera etapa del proyecto se concentró en trigo, maíz y café, los investigadores destacan que la tecnología es adaptable a una amplia variedad de sistemas productivos.
“Priorizamos estos cultivos porque representan sistemas contrastantes: gramíneas extensivas y un cultivo perenne tropical, lo que nos permite evaluar distintas respuestas y manejos del nitrógeno”, explicó Berhongaray. No obstante, el desarrollo podría extenderse a arroz, caña de azúcar, sorgo, pasturas y hortalizas intensivas, todos sistemas con alta demanda de nitrógeno.
Para los productores, el impacto potencial es doble: menor costo por reducción de dosis y menor impacto ambiental, al disminuir las pérdidas de nutrientes hacia el aire y el agua.
Próximos pasos y mirada estratégica
Tras los resultados iniciales en Entre Ríos, el equipo apunta ahora a escalar los ensayos a distintas zonas de la región pampeana. La próxima fase incluirá trabajos conjuntos con el INTA Pergamino y especialistas en ecofisiología de cultivos, con el objetivo de evaluar el comportamiento de los nanofertilizantes en diferentes ambientes y sistemas productivos.
“El desafío es incrementar la producción a través de una mayor productividad, pero sin basarnos en un mayor uso de insumos, sino en un uso más eficiente mediante la intensificación sostenible”, subrayó González.
El proyecto, impulsado en conjunto por la UNL, el Conicet, la Fundación ArgenINTA y CREA, busca además posicionar a Latinoamérica como un actor de referencia en el desarrollo de nuevas tecnologías de fertilización nitrogenada, con impacto directo en la competitividad y sostenibilidad del agro.
Infocampo


