Con menos oferta de hacienda disponible y demanda interna y externa que no cede, la cría recuperó un protagonismo que hacía tiempo no tenía. Pero ese protagonismo viene acompañado de una exigencia: no alcanza con tener vacas; hay que lograr que produzcan. Y eso se logra poniendo la lupa en varios aspectos centrales: nutrición, sanidad, genética, reproducción y manejo. Es decir, eficiencia 360.
Nutrición
La producción de terneros empieza en el suelo y en las plantas. “No hay genética ni sanidad que compense un bache nutricional. Y cuando ese faltante ocurre, se paga con menos preñez, menos kilos destetados y menos rentabilidad”, resalta el directivo.
El recurso forrajero es la base de los sistemas de cría en nuestro país. “Mediciones de oferta, suplementación estratégica, manejo de carga y rotaciones permiten sostener la condición corporal de los vientres y evitar los faltantes que reducen la tasa de concepción”, propone López Harburu.
Sanidad
Hay pérdidas que se ven —un ternero muerto, un parto con distocia— y pérdidas que no se ven: rodeos infectados con enfermedades venéreas, toros sin revisar, abortos silenciosos, vientres vacíos que pasan inadvertidos hasta el tacto, etc. En un contexto de precios altos, esas pérdidas invisibles son las más caras de todas.
Las principales enfermedades venéreas (campylobacteriosis, trichomoniasis) y reproductivas (IBR, DVB, leptospirosis) representan entre el 5% y el 15% de pérdidas potenciales de terneros. El control de toros, la vacunación sistemática y la correcta gestión de reposición son pilares ineludibles en la cría de hoy. Es decir, los programas sanitarios completos reducen la cantidad de vacas vacías y ordenan el funcionamiento del sistema.
Reproducción
Una buena condición corporal al servicio y la implementación de inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) permiten sincronizar celos, adelantar preñeces y elevar el porcentaje final. “La inseminación artificial ya no es solo una tecnología genética empleada en cabañas y campos de punta: es una herramienta para ordenar la estructura productiva de los rodeos comerciales de cría”, distingue López Harburu.
“Los responsables de campos de cría que entienden esta nueva lógica ya no discuten el uso de la inseminación artificial, sino cómo mejorarla. La IATF dejó de ser una herramienta más y pasó a ser una tecnología central para ordenar sistemas, concentrar pariciones y obtener mejoras genéticas que antes requerían años”, destaca el especialista.
La eficiencia reproductiva, se sabe, no empieza en la manga: “comienza en el manejo diario; en la planificación forrajera, en el manejo del rodeo y en las decisiones que parecen pequeñas pero definen resultados enormes”, añade.
Manejo
En épocas de precios bajos, perder un ternero es doloroso. En momentos de precios altos, es inadmisible. Porque cada ternero es capital, es trabajo, es tiempo.
“Las pariciones deben ser supervisadas, sobre todo en las vaquillonas; la atención al ternero recién nacido debe ser sistemática. El suministro de calostro, la curación del ombligo, la identificación son pasos simples, pero no menores”, apunta López Harburu.
Las vaquillonas requieren un seguimiento intensivo. La elección de toros con Diferencias Esperadas entre Progenies (DEP) de facilidad de parto, el monitoreo durante pariciones y las intervenciones oportunas reducen distocias y mortalidad neonatal.
Transformación
“Este momento de precios inéditos no debe leerse como una anomalía del mercado, sino como una advertencia: la ganadería argentina tiene un potencial enorme, pero necesita ineludiblemente eficiencia 360 para expresarlo, explicó el reporte.
La Nación


