El panorama comenzó a tener un giro acentuado en la planta cuando en la mencionada reunión entre las partes, dijo el referente de la UOM, “Mateo Marsó manifestó que estarían en tratativas y dispuestos a vender la empresa. Sabemos que hay algunas negociaciones dando vueltas, y vamos a esperar. Pero abrió una ventana en la posible venta de la empresa”.
Situación
Desde la cartera laboral santafecina se confirmó este anuncio empresarial. Por otra parte, este martes la planta permaneció abierta. “No puedo adelantar qué ocurrirá en las próximas semanas. Esto es día a día”, insistió el sindicalista de la UOM. Ante una consulta, Romero confirmó que “los trabajadores cobraron solo 900.000 pesos en los últimos cuatro meses”, apuntó.
Señaló que por el momento no hay ninguna nueva gestión para destrabar el conflicto. “No hay audiencia pactada. Además, ¿para qué vamos a ir si (los empresarios) no se presentan y el Ministerio (de Trabajo) no hace nada. Es ir a mirarnos entre nosotros. No tiene sentido”, remarcó.
Desde la reapertura de la empresa, hace dos meses, los obreros trabajaban en turnos acotados solo para atender mantenimiento y algunos pocos procesos industriales. Si bien se mencionó que habría pedidos por nuevas unidades, los propios obreros aclararon que en la planta no se estaba trabajando en la producción de ninguna nueva cosechadora.
Otros tiempos
La firma Vassalli, fundada por Roque Vassalli en 1949, llegó a producir más de 1000 cosechadoras anuales y fue un emblema nacional con sus marcas Don Roque y Vassalli. Desde hace más de una década atraviesa cierres, reaperturas y cambios de dueños. En 2020 pasó a manos de Esteban Eskenazi y Matías Carballo, pero la crisis macroeconómica y la sequía de 2023, que afectó las ventas del mercado, los llevó a vender la planta.
Desde entonces la administra la familia Marsó. Eduardo Marsó es el accionista mayoritario desde enero de 2024. Ese grupo familiar estuvo vinculado con la avícola Las Camelias y la metalúrgica Albace, en Entre Ríos. La operación de compra de Vassalli se cerró en US$8 millones, con un pago inicial menor al 10% y el resto a cinco años. A pesar de los intentos por hacerla crecer, la caída de ventas, la competencia de maquinaria importada, la falta de financiamiento y las propias dificultades financieras de la firma complicaron el panorama.
La Nación – José E. Bordón


