“Sectores como el procesamiento de carne, las semillas, los fertilizantes y la maquinaria agrícola pueden ser vulnerables a la manipulación anticompetitiva, lo que resulta en precios más altos para productores y consumidores”, sostiene.
“Las empresas controladas por extranjeros participan cada vez más en segmentos clave, lo que podría generar riesgos para la seguridad nacional y aumentar el costo de los alimentos para las familias estadounidenses; problemas que los grupos de trabajo están específicamente encargados de investigar. Sin una aplicación estricta de la ley, la fijación de precios y las conductas anticompetitivas seguirán inflando las facturas de los supermercados y debilitando la independencia alimentaria de EE.UU.”, afirma.
Entre las empresas semilleras extranjeras que operan en EE.UU. se incluyen Bayer (Alemania), BASF (Alemania) Syngenta (China), Limagrain (Francia) y RAGT (Francia), mientras que en el caso de fertilizantes se puede mencionar a Nutrien (Canadá), Yara (Noruega), EuroChem Group (Suiza) y Groupe Roullier (Francia).
En los que respecta a las empresas cárnicas extranjeras que tienen inversiones en EE.UU., las principales son JBS (Brasil), Marfrig (Brasil) y WH Group (China) a través de su filial Smithfield Foods.
“El presidente Trump entiende que un suministro de alimentos asequible y seguro es vital para la seguridad nacional y económica de Estados Unidos, pero que las conductas anticompetitivas amenazan su estabilidad y asequibilidad”, señala el comunicado.
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