Ante este desfasaje entre recursos y ejecución, tanto Jelinski como el ingeniero agrónomo Eduardo Sierra coincidieron en una propuesta estructural: avanzar en la creación de una autoridad específica de administración del Río Salado. El objetivo sería blindar los recursos y garantizar que las obras tengan continuidad en el tiempo, independientemente de los vaivenes políticos.
Los expertos dejaron en claro que el manejo hídrico se vuelve urgente ante las proyecciones climáticas. Sierra advirtió que el desafío ya no es solo el volumen total de lluvias, sino su comportamiento errático. Según manifestó, se prevé mayor frecuencia de eventos extremos, es decir, concentración de lluvias en períodos más cortos. Esta nueva realidad obliga a repensar el manejo de los campos. Según los especialistas, la clave está en diseñar sistemas ganaderos flexibles, capaces de amortiguar el impacto ambiental sin sacrificar productividad.
Superada la barrera de la infraestructura, el debate se centró en cómo debe evolucionar el negocio ganadero en la Cuenca. El analista Rodrigo Troncoso explicó que el crecimiento de las exportaciones, proceso consolidado desde 2016, exige ahora un cambio de estrategia cualitativa. “El próximo paso para la ganadería argentina no es solo producir más, sino vender carne de mayor valor, combinando aumento del stock con más kilos por animal y mejor posicionamiento comercial”, sostuvo Troncoso.
Esta visión fue respaldada desde la práctica por Ricardo Orazi (Cabaña La Pastoriza) y Alejandro Aznar (Cabaña La Esencia). Ambos referentes coincidieron en el perfil del animal que necesita la Cuenca: rusticidad y fertilidad para adaptarse al ambiente, además de orientación a los mercados de alto valor, y aumento en los pedidos de certificación como herramienta de diferenciación.
El cierre de la jornada aportó la visión de Marcos Pereda, vicepresidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), quien enfatizó que la inversión productiva requiere un marco de estabilidad que hoy es insuficiente. “No hay crecimiento ganadero posible sin un plan concreto, reglas claras, estabilidad y previsibilidad”, afirmó Pereda.
El dirigente subrayó que el rol de las entidades debe evolucionar de lo discursivo a lo pragmático: “El rol de las entidades no es dar discursos, sino construir condiciones reales para que el productor invierta, produzca más y mejor”. Destacó la necesidad de una voz unificada del campo, capaz de ordenar prioridades y sostener una agenda de largo plazo que permita crecer en stock, volumen producido y valor agregado, con reglas estables que acompañen el desarrollo del negocio ganadero.
La conclusión del encuentro en Saladillo fue unánime: la Cuenca del Salado tiene las condiciones para ser uno de los motores del crecimiento ganadero argentino, siempre que confluyan infraestructura hídrica, adaptación climática, eficiencia productiva y un marco institucional sólido, con una agenda gremial unificada y orientada a resultados.
La Nación


