Ese deterioro relativo del parámetro comercial se traduce en precios menos favorables. “Este factor viene a influir de forma negativa en el precio pagado por tonelada por los compradores internacionales”, indicó el documento. A ello sumó que, en un escenario de cotizaciones que todavía “no convencían del todo a los productores”, la baja proteína “viene a poner un tope a los márgenes por un balance entre precio percibido y grandes volúmenes”.
El informe de la entidad incluyó un gráfico donde se observa la magnitud del salto: los embarques de noviembre se colocaron en la parte más alta de toda la serie histórica. Con exportaciones que superaron ampliamente el millón de toneladas, el mes se convirtió en uno de los más activos para el trigo argentino, impulsado por la extraordinaria cosecha que se está levantando.
Ese dinamismo temprano no solo refleja el avance de la cosecha, sino también la necesidad de colocar rápidamente los volúmenes disponibles ante un mercado internacional muy abastecido.
La BCR también remarcó que esta dinámica se dio en un mercado mundial dominado por una abundante oferta. Subraya que el cereal local se comercializa en un escenario donde “las toneladas que se esperan desde la Argentina se sumarían a un mercado global que ya cuenta con niveles de oferta cargados”. Ese telón de fondo muestra que los principales orígenes productores —Estados Unidos, Ucrania y Brasil— transitan campañas de alta disponibilidad, lo que presiona la competencia en los destinos compradores y obliga a los exportadores a ajustar márgenes según calidad.
La Nación


