En la capa de 5 a 20 cm, la tendencia se mantuvo: 3,16 ppm en promedio para leguminosas, 2,26 ppm para mezclas y 1,62 ppm para gramíneas puras, es decir, entre 1,4 y 1,95 veces más nitrógeno en los suelos con leguminosas.
En cuanto al fósforo, en los primeros 5 cm del suelo se registraron 20,93 ppm en leguminosas, 13,03 ppm en mezclas y 17,06 ppm en gramíneas puras, lo que implica que las leguminosas reciclaron entre 1,6 y 2,3 veces más fósforo que las otras opciones. A mayor profundidad (5 a 20 cm), se observó la misma tendencia: 8,86 ppm en leguminosas, 5,73 ppm en mezclas y 6,73 ppm en gramíneas puras, valores que equivalen a 1,55 y 1,32 veces más fósforo reciclado, respectivamente.
Por su parte, Vanina Jankovic, técnica de INTA Casilda, recordó que Santa Fe es la tercera provincia del país en superficie sembrada con soja, con 2,16 millones de hectáreas de soja de primera, según datos de la Dirección de Estimaciones Agrícolas de la SAGyP. Un relevamiento que la profesional realizó entre técnicos y productores del Departamento Caseros —que concentra casi el 10 % de la superficie provincial— reveló que el 37 % de los encuestados no fertiliza la soja de primera, priorizando el trigo y el maíz dentro de la rotación. El resto sí aplica fertilizantes, en distintos momentos y formas, utilizando principalmente fósforo, azufre y calcio.
Finalmente, Capurro subrayó que los cultivos de cobertura son una herramienta fundamental para mantener la fertilidad química de los suelos agrícolas. “Ante una situación de subutilización de fertilizantes minerales, el balance de nutrientes en soja es negativo. Con cada cosecha, salen del suelo más nutrientes de los que ingresan, lo que conduce al deterioro de los suelos en las principales regiones sojeras del país”, concluyó la especialista.
Clarín


