“Los tambos son cada vez más grandes. Si no se produce más leche al tambo lo tapan los costos y en 5 años no puede pagar las cuentas, no queda otra que crecer”, evaluó.

Respecto al futuro, Snyder fue claro: “La lechería que viene va a ser más tecnológica, más eficiente y con menos establecimientos. Ya lo estamos viendo: el número de tambos sigue cayendo, pero la producción total se mantiene o crece. Eso significa que los que quedan producen más y mejor”.
Snyder sostuvo que el sector tiene una gran oportunidad de aprovechar la competitividad natural de Argentina en producción forrajera y calidad de leche, pero necesita previsibilidad. “La tecnología está, los productores saben hacer las cosas, pero sin estabilidad macro y sin reglas claras es muy difícil proyectar inversiones de largo plazo”.
Con respecto al crecimiento que se está dando en la oferta de leche este año, después de un año complicado por la seca, los tambos argentinos empiezan a ver un horizonte un poco más despejado. Con la recuperación de las lluvias, la mayor oferta de pasto y reservas forrajeras está impulsando una leve mejora en la producción de leche.
Pero, según el consultor, este repunte no debería confundirse con un cambio estructural: “La producción crece porque el clima acompañó, no porque haya más inversión o un plan de desarrollo para el sector”.
Snyder explicó que la oferta de forraje —que en 2023 fue la más baja en casi una década— se recompuso de manera significativa en gran parte de la cuenca central.
“Hay más pasto, mejor calidad de silajes y una disponibilidad que permite sostener niveles productivos más altos con costos más contenidos”. En síntesis, la lechería argentina vuelve a ponerse en marcha después del golpe de la sequía, pero todavía no tiene claro hacia dónde va. “Estamos en un punto de inflexión —concluye Snyder—: podemos elegir entre seguir resistiendo o animarnos a construir una lechería moderna, rentable y sustentable”.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti


