Estos resultados demuestran que los fitoplasmas, y en particular el Maize Bushy Stunt, están jugando un rol más importante del que se pensaba en el complejo del achaparramiento.
Según explicó Franco Fernández, biólogo del Centro de Investigaciones Agropecuarias del INTA (CIAP), “el achaparramiento no responde a un solo agente, sino a un complejo dinámico que cambia según la región y la campaña”.
Además, los primeros muestreos de 2025 en Córdoba indican una menor incidencia de los patógenos principales, lo que podría estar vinculado con las condiciones climáticas y las medidas preventivas aplicadas por los productores.
Una enfermedad en evolución
El equipo del INTA también destacó que el fitoplasma Maize Bushy Stunt fue recientemente propuesto como una nueva especie, llamada “Candidatus Phytoplasma zeae”.
Este microorganismo se aloja en los tejidos vasculares del maíz e interfiere en los procesos de desarrollo, causando las típicas deformaciones y el achaparramiento de las plantas.
Fernández detalló que este comportamiento demuestra una alta capacidad de adaptación y explica por qué el manejo de la enfermedad se vuelve tan complejo: “No podemos pensar en un único patógeno, sino en un sistema donde intervienen bacterias, virus y vectores”.
Desafíos y manejo a futuro
El grupo de fitoplasmas del IPAVE–INTA trabaja ahora en mejorar los métodos de diagnóstico molecular y en estudios genéticos que permitan identificar nuevas variantes.
“Para enfrentar la enfermedad, será clave sostener el monitoreo constante y desarrollar estrategias integradas basadas en evidencia científica”, indicó Fernández.
Los avances apuntan a comprender cómo interactúan los distintos agentes y su vector —la chicharrita—, con el objetivo de proteger la producción de uno de los cultivos más importantes del país.
“El desafío es mantener un monitoreo permanente y seguir investigando en forma interdisciplinaria para diseñar manejos más efectivos y adaptados a la dinámica de la enfermedad”, concluyó el especialista.
En resumen: el achaparramiento del maíz ya no puede explicarse por un solo microorganismo. La ciencia avanza en descifrar su compleja red de causas, mientras el INTA refuerza la necesidad de prevención y monitoreo para sostener la sanidad del cultivo.
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