El valor del aceite premium
La mirada internacional también le da respaldo a esta oleaginosa. Según Marcelo Cosso, líder del cultivo en COFCO y vicepresidente de la Asociación Argentina de Girasol, el mundo está demandando productos de mayor calidad, y el aceite de girasol alto oleico encaja en esa tendencia.
“El mundo va hacia los productos premium, y el aceite de girasol es uno de ellos. En eso, Argentina tiene un muy buen posicionamiento”, aseguró.
Los números son elocuentes: mientras la Unión Europea produce 3,2 millones de toneladas de girasol alto oleico, Ucrania 1,3 millones, Argentina apenas alcanza las 350.000 y Rusia 178.000. En ese contexto, la oportunidad está servida.
“La prima que se paga en el mercado por la calidad del aceite puede representar hasta 100 dólares extra por tonelada”, destacó Romero. La creciente preferencia de los consumidores europeos por alimentos con trazabilidad y valor agregado abre una ventana clave.
Como resumió Francisco Pérez Brea, brand manager de NK Semillas (Syngenta): “El consumidor hoy demanda más información y está dispuesto a pagar por la calidad adicional”.
Entre la geopolítica y la tecnología
Uno de los principales desafíos que enfrenta el girasol argentino es la formación de precios, que depende del Mar Negro, la región donde se concentran los mayores productores mundiales.
“Argentina no es formadora de precios, pero tiene mucho volumen y la clave será comercializar en el momento justo”, apuntó Cosso.
Las tensiones bélicas, el clima extremo y las oscilaciones en los stocks internacionales marcan el pulso del mercado. En ese escenario incierto, la competitividad argentina se apoya en la investigación genética y en la innovación tecnológica.
NK Semillas, junto a ADBlick, invierte en el desarrollo de híbridos estables y de alto rendimiento. “Cuanto más se invierte, más ganancia genética y más rinde se logra”, remarcó Pérez Brea, al destacar la necesidad de actualizar la Ley de Semillas como una oportunidad para acelerar mejoras.
Una cadena colaborativa en expansión
El crecimiento del girasol no se explica solo por superficie sembrada o precios internacionales. También hay una estrategia colaborativa entre productores, semilleros e industria.
“Hoy hay un mercado mucho más maduro y transparente, con un montón de jugadores y compradores de primera línea”, celebró Del Carril.
En esa línea, Raúl Paillot, gerente comercial de NK Semillas, subrayó que además de mejorar la genética, se trabaja en sustentabilidad, agricultura regenerativa y trazabilidad, factores que agregan valor al producto argentino.
El presente muestra niveles récord de molienda en el país y una recuperación de áreas productivas, como Córdoba, que vuelven a apostar por el cultivo tras dos décadas. Con genética, tecnología y mercados dispuestos a pagar por calidad, el girasol argentino parece tener las condiciones para despegar.
“Hay un presente y un futuro cercano súper atractivo para la cadena”, concluyó Del Carril, convencido de que el cultivo se transformará en uno de los protagonistas indiscutidos del agro argentino.
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