Aranceles y pérdida de competitividad
La administración de Xi Jinping impuso una tasa de hasta 34% a la soja estadounidense, encareciendo su precio frente a la producción sudamericana. La medida también alcanzó a otros cultivos estratégicos como sorgo, maíz y algodón. Para los productores de EE.UU., la consecuencia fue la pérdida de su mercado más rentable de exportación.
Jim Sutter, director ejecutivo del Consejo de Exportación de Soja de Estados Unidos, expresó su preocupación: “Honestamente, me preocupa que se esté acabando el tiempo”, dijo, aludiendo a que la cosecha ya está en marcha sin un horizonte de resolución.
Pese a cuatro rondas de negociaciones bilaterales entre mayo y septiembre, el capítulo agrícola sigue sin avances. La Casa Blanca deslizó la posibilidad de un nuevo paquete de ayuda para compensar las pérdidas, similar al aplicado en la primera presidencia de Trump, con millonarias transferencias directas.
Sin embargo, buena parte de los productores rechazó esa alternativa. “No queremos pagos de ayuda, queremos trabajar. Lo peor que podríamos desear es una limosna”, sostuvo Brian Warpup, agricultor de cuarta generación en Indiana.
Mientras los agricultores del cinturón sojero norteamericano presionan a la Casa Blanca, Argentina y Brasil se consolidan como los grandes beneficiados: ampliaron sus exportaciones de poroto y derivados de soja al mercado chino, en el marco de la estrategia de diversificación de proveedores de Beijing para garantizar su seguridad alimentaria.
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