Lejos de darle previsibilidad a los productores, que ya comenzaron a sembrar maíz y se preparan para implantar la soja el mes que viene, la medida les provoca incertidumbre. ¿Vuelven a subir las retenciones después del 31 de octubre o cuando se alcancen los US$7000 millones de DJVE?, es la pregunta que se hacen a partir de hoy.
La inversión del campo en la actual campaña agrícola, 2025/26, se calcula en US$14.000 millones por insumos (fitosanitarios, fertilizantes, semillas y combustible) y alquileres. Ese monto se aplica en condiciones de extrema incertidumbre. Este año, el Gobierno dispuso una baja temporal de las retenciones entre febrero y junio pasado. A fin de julio, volvió a bajarlas y dijo que iba a ser “permanente”. Ahora las vuelve a bajar, pero a cero, por 40 días y acaso vuelvan a subir el 1° de noviembre. Si alguien puede planificar en ese contexto, se merece un premio.
Más que medidas temporales de supuesto beneficio, el campo pide reglas estables, similares a las de los otros países de la región que no aplican impuestos distorsivos como los DEX. Este tributo se descuenta en forma directa del precio que se le paga al productor. Por ejemplo, de cada cuatro camiones de soja, con la alícuota que regía hasta el viernes, uno iba para el Estado.
Con reglas estables, y no solo por la expansión de la frontera agrícola, Brasil se convirtió en el productor número 1 de soja a nivel mundial, mientras la Argentina está estancada hace años en no más de 50 millones de toneladas anuales. Eso y no los parches es lo que necesita el campo.
La Nación – Cristian Mira


