“El retroceso se hace más evidente en Entre Ríos, Chaco y Santa Fe, provincias donde la proporción de suelos removidos supera el 20%. En Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero, los porcentajes son menores, pero en términos absolutos representan valores altos dada la gran proporción de superficie agrícola que concentran”, reconoció Aapresid en su informe sobre este espinoso asunto.
En el relevamiento hecho por su red REM, Aapresid indagó en las razones detrás de esta práctica de volver al arado. “La mitad de la superficie trabajada con labranza (53%) responde al control de malezas resistentes o tolerantes a herbicidas. En provincias como Chaco, Santiago del Estero y Santa Fe, esa proporción se acerca al 70% de los casos”, admitió.
“Es decir, la lucha contra las malezas se convirtió en uno de los principales motivos por el cual se rompe la Siembra Directa, comprometiendo décadas de construcción de un modelo sustentable”, lamentó a continuación la organización técnica. Otra de las razones para el uso de la labranza es la compactación de los suelos, aunque el informe no la menciona.
Aapresid citó un estudio reciente de Fernando Oreja para la FAUBA en lotes con más de 20 años de Siembra Directa en Carlos Casares. donde el experto evaluó los efectos de la labranza ocasional sobre el banco de semillas de malezas. “Los resultados fueron contundentes: Por un lado, no hubo una reducción significativa en la cantidad ni en la diversidad de malezas, sino que lo único que generó fue redistribución vertical de las semillas: algunas quedaron enterradas y pueden germinar en campañas futuras. El trabajo concluye que la labranza no representa una estrategia efectiva de manejo a largo plazo, aunque pueda dar una sensación momentánea de control”.
En este punto, tras desaconsejar la labranza como método de control de las malezas, Aapresid dijo que dar marcha atrás en los principios rectores de la SD, “amenaza con desandar el camino recorrido. La pérdida de cobertura, la degradación de la estructura del suelo y la menor capacidad de infiltrar agua son impactos que tardan años en recuperarse”, notificó.
¿Y qué se puede hacer entonces? Según la entidad, “la clave, está en no resignar la visión integral de la Siembra Directa y sostenerla con estrategias de diversificación de cultivos, incorporación de cultivos de servicio e intensificación de secuencias”.
“La agricultura argentina ya demostró que puede liderar en conservación de suelos. El reto ahora es sostener ese logro frente al avance de las malezas y la tentación de los atajos”, trató de conmover Aapresid a la comunidad agronómica local.
Bichos de Campo


