El investigador del INTA explicó que el sistema se basa en bolsas de polietileno de 9 a 12 pies de diámetro y hasta 60 metros de largo, capaces de almacenar alrededor de 200 toneladas de trigo por unidad. Su hermeticidad, dijo, genera un ambiente de baja concentración de oxígeno y alta de dióxido de carbono, lo que ayuda a preservar la calidad de los granos.
En esa línea, precisó que los estudios realizados en la Argentina, Brasil, Australia y Estados Unidos muestran que los granos secos no presentan cambios de calidad durante un almacenamiento de hasta un año en silobolsa. Destacó que se trata de una innovación que, además de resolver problemas coyunturales de capacidad de acopio, brinda ventajas logísticas estratégicas.
Las silobolsas argentinas se utilizan no solo en Sudamérica, sino también en países de Europa, Asia y África y se convirtió en una tecnología global que se puede encontrar en Italia con trigo, bajo nieve en Rusia o en Tanzania y Suecia.
La difusión internacional de este desarrollo no fue casual y hay un verdadero clúster argentino de silobolsas, integrado por seis empresas fabricantes, el INTA, universidades y una red de más de 40 compañías que proveen accesorios como selladoras de calor, sistemas de monitoreo de CO₂, repuestos y soluciones logísticas. En tanto, hoy existen embolsadoras con una capacidad de trabajo de hasta 300 toneladas por hora y extractoras que permiten retirar entre 150 y 300 toneladas por hora.
En términos de investigación científica, la Argentina se convirtió en líder mundial en el estudio de la hermeticidad de los silobolsas que es la clave del éxito. Explicó que el ambiente de bajo oxígeno reduce la actividad respiratoria de insectos y hongos, evitando pérdidas y conservando la calidad del grano. El investigador recordó que la tecnología también demostró eficacia en productos con mayor humedad, como el maíz al 17%, que puede almacenarse durante 180 días sin perder calidad en condiciones herméticas.
Por su parte, Josef Kienzle, miembro de Mecanización Agrícola Sustentable de FAO, expuso sobre la situación en Ucrania. Allí, desde febrero de 2022, debido a los efectos de la guerra se interrumpió el almacenamiento y la logística. El país vio su capacidad de almacenaje en parte destruida o bien ubicada en territorios militarmente ocupados y también un gran porcentaje bloqueado para exportación.
Contó que se necesitaban soluciones urgentes de almacenamiento duraderas y a largo plazo. En este escenario, la FAO, conjuntamente con otras organizaciones, lograron, a través del silobolsa, ser parte de la solución. “Se cubrieron cuatro millones de toneladas de las necesidades de almacenamiento, lo que significa el 25% del déficit nacional”, mencionó Kienzle. Agregó: “Ante una situación de emergencia necesitábamos 30.000 bolsas, equipos de carga y descarga y transporte. Logramos colaborar a través de proveedores de varios países y contratistas”. Para este año se espera que el sistema de silobolsa siga creciendo en Ucrania.
Para Lucía Martínez, de Cafma y fabricante de maquinaria, lo principal de su experiencia exportando maquinaria específica fue comprender la forma de llegar al mundo: “Todos entendimos que debíamos desembarcar en otros países en equipo, con las bolsas, las máquinas y explicando la tecnología”.
La Nación


