En los últimos 50 años, además, se observó que los días entre lluvias significativas se han ido espaciando. “En la estación de Junín, el registro muestra que se espaciaron 0,17 días por año en promedio”, indicó.
Respecto de la otra variable clave, la temperatura, Mercuri señaló una tendencia lineal hacia el incremento térmico a nivel global. “Se visualiza también en nuestro país y genera manifestaciones muy importantes en cuanto a situaciones extremas, como son las olas de calor”, señaló y recordó que en campañas recientes se registraron temperaturas en superficie superiores a los 45 o 50 grados en el norte argentino. “En muchos cultivos el déficit nos generó el jaque, pero el mate nos lo dio la ola de calor”, expresó.
En este contexto, Mercuri remarcó la importancia de seguir de cerca la evolución de los océanos Pacífico e Índico. “Hoy la mayor probabilidad es que el Pacífico se mantenga en condiciones neutrales, con un leve enfriamiento en primavera, pero dentro de la neutralidad. En el Índico se observa una probabilidad de enfriamiento en septiembre”, explicó. Esa combinación, expresó, no plantea un escenario deficitario a nivel regional. “No se observan condiciones predisponentes a limitaciones hídricas para los próximos meses en el área central del país”, destacó.
Con este marco, las perspectivas de corto plazo son alentadoras: “Vemos varios sectores del centro-este del Cono Sur en tonos verdosos, lo que indica lluvias de normales a superiores a lo normal para agosto, septiembre y octubre. Para septiembre-noviembre, en cambio, se observa una tendencia a déficit en el Litoral y Uruguay, que podría extenderse hasta inicios del verano. Sin embargo, no se proyecta para la zona central del país un escenario de falta hídrica a corto plazo”.
Con un inicio de campaña promisoria, para el especialista el desafío será aprovechar las condiciones y, al mismo tiempo, prevenir riesgos. “Estamos este año ante una disponibilidad regional de agua muy buena respecto de las cinco campañas previas. Es muy promisorio para planteos de alto rendimiento y para decisiones de ciclos largos”, sostuvo Mercuri. Pero advirtió: “Tenemos que ser muy flexibles en estas decisiones, porque la variabilidad interanual sigue siendo muy alta”.
Entre las recomendaciones, el especialista insistió en medir siempre el agua en el suelo con pozos y monitoreos, priorizar la cobertura para conservar la humedad y evitar recalentamientos, y elegir prácticas que aumenten el carbono en el suelo. “Más carbono significa más agua en el perfil”, resumió.
La Nación – Pilar Vazquez


